Hollywood Monsters

Hollywood Monsters

Hollywood Monsters

La entrega de los premios a los "actores" de películas de terror, los "Hollywood Monsters"., se encuentra rodeada de una serie de sucesos extraños.

Vuelta al foso y al túnel. Ron usa el quebrantahuesos en la rejilla para abrirse hueco y luego sube por la escalera hasta las mazmorras. Al fondo a la izquierda hay una dama de hierro. Ron localiza un agujero en su parte derecha, coloca la ramita haciendo que haya una palanca, la acciona para cerrar la dama y recoge la cuerda que estaba escondida en la tapa delantera del instrumento de tortura.

Ron sube las escaleras, recoge el candil [o los candiles 8)] y se asoma al balcón. Tras usar el cordón de la estatua de Hannover con la cuerda de la dama de hierro tiene cable suficiente para colgarlo del saliente por encima de él y hacer el Tarzán hasta la ventana abierta del otro lado.

Una vez dentro de la habitación, Ron recoge el frasco de perfume de la vampiresa Sherylin, la cual parece muy interesada [y sensual] en todo tipo de juegos de cama... quise decir de cartas. Por desgracia, Ron no tiene por el momento una baraja. Así que abandona la habitación por la puerta.

En el lado Norte del castillo localiza Ron dos puertas... la izquierda conduce a la alcoba... quizás es la despensa... donde no-reposa el cuerpo vampirizado de la ex-novia de Hecker, la vampiresa Gwen, alias "la Gorda de Navidad". Tan interesada está en la deglución de gominolas que no se fija que Ron le quita de los estantes el aceite de oliva o de que Ron se corta un filetito del gran pedazo de carne a la derecha, usando para ello el bisturí. La puerta de la derecha conduce a la alcoba del conde, con su tétrico y maligno órgano y un ataúd algo estrecho.

En el extremo Nordeste del primer piso, Ron localiza la sala de estar, donde se halla el premio a Drácula. Trata Ron de abrir la base para sacar el pedazo de Frankie que encierra, pero aparece Drácula, que le conmina a no robarle nada si no quiere sentir su apestoso aliento en el cogote mientras le hinca el diente a su querida yugular. Ron habla un rato con el vampiro, enterándose de sus problemas de peso crónicos, de sus desdichas, de sus desgracias, de todo un poco.