Mes y medio para marcar el futuro

Nueve finales a cara de perro. Se trata de buscar diez puntos, se supone que 37 pueden valer, para asegurar la permanencia en Primera. A estas alturas cada fallo es un paso en firme hacia el precipicio. Cada victoria significa tener más cerca la salvación y poner un montón de palos en las ruedas de los rivales. Y no se juega únicamente el descenso en los partidos del Real Valladolid. Cuanto más fallen los de abajo más barata estará la salvación y menos puntos harán falta. La emoción no estará solo en el Valladolid-Granada, sino que el drama se vivirá en cada choque de todos los implicados por la permanencia de aquí al final. Afortunadamente en Valladolid ya sabemos muy bien de qué va esto y me parece una ventaja.

Pero se trata de ir paso a paso. Son finales, sí, pero no se pueden perder los nervios ni caer en la precipitación. No se va a conseguir la permanencia por ganar al Granada este domingo ni se va a bajar a Segunda porque se pierda el partido. Lo peor del calendario ya ha pasado para los de Sergio y acaban de demostrar que se puede aspirar a ganar en cada uno de los partidos que restan por jugarse. Ya no se puede especular con lo que se juegue o deje de jugar el rival ni con lo que puedan hacer o dejar de hacer otros. Hay que ir a sumar de tres en tres cuanto antes sin otro planteamiento aunque siempre con la cabeza fría y manteniendo la calma sin perder la perspectiva de lo que suceda alrededor. Y olvidemos a los árbitros.

Yo, de entrada, no me confiaría con el Granada. Es verdad que vienen despistados con su eliminatoria europea, pero Martínez hará rotaciones y los que salgan irán a por todas. Confiarse el domingo puede ser el inicio de la derrota. El Valladolid ya ganó en Granada y tiene capacidad sobrada para volver a derrotar al equipo nazarí. Eso sí, la intensidad será máxima para demostrar al rival que a partir de ahora puntuar en Zorrilla estará muy caro. Así debe ser.

Y por lo visto ante el Barcelona es para ser optimista. Estoy de acuerdo con Roque Mesa: hay que atacar más, tener una mentalidad más ofensiva y tratar de contragolpear cuando se recupere el balón. Tengo la sensación de que los jugadores así se lo han hecho comprender al entrenador. Sergio es ultradefensivo, pero cuando su equipo ha necesitado ir a marcar ha demostrado que sabe jugar bien y que sabe atacar. Es cuestión de mentalidad. Vamos pues a por la primera de las finales, con ambición, con inteligencia y con confianza en los nuestros, que vienen demostrando últimamente que valen más de lo que muchos pensaban.