JUAN GUTIÉRREZ

Dos platas que saben a platas

Las Selecciones de waterpolo han perdido sus respectivas finales en los Mundiales de Gwajiuj, con neta superioridad de sus rivales, Estados Unidos e Italia.

España, subcampeona del mundo de waterpolo.
Getty Images
Juan Gutiérrez
Subdirector de AS
Subdirector de polideportivo. Ha desarrollado toda su carrera en AS desde 1991. Cubrió dos Juegos Olímpicos, siete Mundiales de ciclismo y uno de esquí, 12 veces el Tour y la Vuelta, seis el Giro… En 2007 fue nombrado jefe de Más Deporte, puesto que ocupó hasta 2017, cuando ascendió a subdirector en las áreas de Motor, Baloncesto y Más Deporte.
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Hay un tópico que habla de platas que saben a oros. Nunca me gustó ese enunciado. Las platas son platas, y llegan después de haber perdido una final. Las medallas de plata no son dulces, porque implican una derrota. Ni cuelgan de cuellos de campeones o campeonas, porque han sido subcampeones o subcampeonas. Son expresiones que se utilizan para dar cariño a los caídos, para ensalzar su acceso a la final… Pero no ayudan a crecer. Al contrario, lo que ayuda a progresar es sacar aprendizajes de los partidos perdidos, para no repetir los errores y para superar las situaciones en el futuro. Las Selecciones españolas de waterpolo, femenina y masculina, han sucumbido en sus respectivas finales en los Mundiales de Gwangju, con neta superioridad de sus rivales, Estados Unidos e Italia, y han logrado dos platas que saben a platas.

Una de las derrotas más amargas de nuestro deporte se sufrió en la final olímpica de waterpolo de los Juegos de Barcelona 1992, donde España cayó ante Italia (8-9) después de tres prórrogas. Como recordó este sábado en TVE uno de aquellos jugadores, Dani Ballart, aquella ilustre generación perdió más finales: en los Mundiales de 1991 y 1994, y en el Europeo de 1991. Aquellos dolorosos resultados se clavaron tan profundamente, que fueron capaces de rehacerse para conquistar el oro olímpico en Atlanta 1996 y los títulos mundiales en Perth 1998 y Fukuoka 2001. A sus actuales sucesores hay que felicitarles por haber llegado a la final, por supuesto, y por haber dejado por el camino a equipos tan duros como Serbia y Croacia. Pero no hay que engañarse: han perdido el oro, ellos lo saben. Y ahora toca subir ese peldaño.

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