El fin del defensa legendario
Ya no hay defensas con el lugar simbólico de los Puyol, Maldini, Ramos o Cannavaro

Una persona que sabe mucho de fútbol me comentaba esta semana que ya no hay defensas que sean ídolos. Me quedé dándole vueltas al asunto. Y es verdad que más allá de figuras puntuales como Van Dijk o Hakimi —con serias dudas sobre si alcanzan esa dimensión— ya no hay defensas que ocupen ese lugar simbólico que en su día tuvieron los Puyol, Maldini, Ramos o Cannavaro; o mirando más atrás los Passarella, Baresi o el liberísimo Beckenbauer.
La defensa se esté convirtiendo en un arte olvidado? ¿En veinte años volverá a salir de gira como Oasis? Lo que está claro es que defender hoy es más difícil. Se juega con más espacio a la espalda, con situaciones milimétricas condicionadas por las nuevas tecnologías y por el arbitraje actual donde están a la orden del día las “faltitas”, los “penaltitos” y cualquier roce susceptible de diminutivo, como quedó de manifiesto en el Atlético-Arsenal. Y, además, casi todos los laterales ya son, en la práctica, carrileros, por lo que las limitaciones de los centrales quedan más al descubierto.
Luego está la estabilidad. Antes, los grandes defensas gobernaban porque permanecían años con la misma corona, en el mismo territorio y con el mismo gestor (que en esta metáfora que me he montado sería el entrenador). Baresi contaba siempre que su ventaja era la de ser capaz de pensar antes que el resto, por experiencia. Los ídolos necesitan relato y los relatos necesitan tiempo.
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Y, sin embargo, la parte positiva de todo este desorden atrás es más que evidente. El talento se ha desplazado hacia el ataque, así que el juego puede convivir con la sensación ambiental de que algo extraordinario puede pasar en cualquier momento, como en el PSG-Bayern, un partido de semifinales más hiperactivo que un niño puesto de azúcar. Siendo honestos, a la mayor parte de los aficionados nos gusta más el salvajismo de los goles que una táctica defensiva brillante. Salvo que la táctica defensiva mediocre sea la de nuestro equipo y los goles del contrario, evidentemente.
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