Pasaba por aquí

A esos que dan el fútbol por agotado

Quizá por esa laxitud arbitral inicial, pero seguramente porque hay noches que vienen marcadas de serie, el partido fue tremendamente vibrante.

MADRID, 14/04/2026.- El presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo (i) y el presidente del FC Barcelona, Joan Laporta (d), a su llegada al tradicional almuerzo de las directivas de Atlético de Madrid y Barcelona celebrado horas antes del partido de vuelta de los cuartos de final de la Liga de Campeones que enfrenta a ambos equipos en Madrid. EFE/ Rodrigo Jiménez
Rodrigo Jiménez
Lucía Taboada
Colaboradora Diario As
Actualizado a

Estamos en época de cerezos en flor así que el presidente del Atleti tenía, por coherencia, que florecer en la previa del Atleti-Barça donde nos dejó otra de sus míticas frases de hemeroteca pre-partido: “¿Turpin juega hoy? Ah, el árbitro. No sé ni quién es el árbitro. Mira hasta dónde hemos llegado”, dijo Enrique Cerezo.

Clément Turpin, en efecto, arbitró el partido y dejó jugar. Dejó jugar tanto en la primera parte que por momentos dio la impresión de que se había olvidado las tarjetas en el vestuario, como González Esteban en el Huesca-Depor del pasado fin de semana. Quizá por esa laxitud arbitral inicial, pero seguramente porque hay noches que vienen marcadas de serie, el partido fue tremendamente vibrante desde el minuto uno.

En la primera parte se desplegaron todas las emociones posibles sobre el césped, desde el 0-2 auspiciado por un Lenglet en dejación de funciones, hasta el 1-2 de auspiciado por Griezmann, el coeficiente intelectual del Atleti, una leyenda a la que se le reconoce menos de lo debido. Y así de vibrante siguió la cosa en la segunda parte que comenzó enseguida con un gol anulado de Ferran Torres, continuó con la expulsión de Eric García y concluyó con un Atleti (y un Llorente) crecido por las circunstancias. Los de Simeone vuelven a unas semifinales de Champions nueve años después por méritos propios.

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El fútbol casi siempre decepciona”, dijo una vez el exfutbolista Ian Hamilton. Y tiene razón. Pero también es verdad que de vez en cuando nos regala partidos objetivamente buenos que nos recuerdan que la emoción futbolística nunca es lineal; es caótica, contradictoria e imprevisible, tiene esa capacidad de condensar en minutos lo que puedes tardar meses en sentir fuera de un estadio. En tiempos de fatiga todavía puede irrumpir un Atleti-Barça con esa energía coreográfica de las grandes noches de Champions y dejar en evidencia a todos los incrédulos, derrotistas, cínicos, escépticos, displicentes, básicamente a todos los tristes que dan el fútbol por agotado.

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