Banquillo eléctrico
Más allá de quién sea el entrenador el año que viene, el elefante en la habitación seguirá siendo el mismo: hacer que Vinicius y Mbappé se entiendan...

En los últimos doce meses tres entrenadores han intentado hacer funcionar al Madrid y, por unas u otras razones, ninguno consiguió brillantez en el juego ni una regularidad en los buenos resultados ni ganó título alguno. ¡A ver si no va a ser problema del entrenador!
La experiencia en la gestión de vestuarios galácticos de Ancelotti, contrastada en años anteriores, pareció caducada para la nueva realidad de la plantilla blanca y se apostó por los métodos modernos de Xabi Alonso. El tolosarra tuvo desde el principio problemillas con alguna de las estrellas –Vinicius– y sus raros cambios de planteamientos y sistemas despistaron a más de uno, hasta que fue perdiendo la confianza del vestuario y de los dirigentes. Se confió entonces en un hombre de club como Arbeloa para que, aparte de apelar permanentemente al escudo, la unión, el espíritu, el honor y la historia, pudiera dar un impulso anímico y fresco a la plantilla, tirando también de los chavales de la cantera. Aunque en un momento pareció encontrar una idea de juego, coincidiendo con la ausencia por lesión de Mbappé, al final sucumbió como los anteriores.
Más allá de quién sea el entrenador el año que viene, el elefante en la habitación seguirá siendo el mismo: hacer que Vinicius y Mbappé se entiendan, se sacrifiquen y se integren en el juego colectivo del equipo para equilibrarlo. Si esto no se consigue, y lo mismo es imposible, el banquillo seguirá estando electrificado y será un tormento permanente para su ocupante.
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