Hazard se difumina

Hace ya más de un año que Hazard cayó lesionado ante el PSG y desde entonces no hay noticias del gran jugador que se vio en el Chelsea. El percance, que le llegó cuando parecía que empezaba a despegar, puede marcar el futuro de un futbolista que, después de una grave recaída y una operación, parece permanente sumido en una nebulosa sobre su estado físico y anímico. Las continuas bajas médicas han impedido juzgar razonablemente al belga, que apenas ha tenido continuidad en el once y nunca ha podido adquirir un rol claro en el equipo. Pero ha pasado ya un tiempo prudencial para que haya incertidumbre sobre su capacidad de ser un jugador tan importante como se esperaba cuando se le fichó.

Las principales cualidades que valoró el Madrid cuando lo compró, y no barato precisamente, fueron el desborde y la velocidad, el atrevimiento y la calidad en el uno contra uno, la capacidad de eliminar contrarios para abrir espacios y crear superioridad. Esas virtudes ahora no se le ven. Aquel futbolista que no paraba de intentar regates, acelerando y frenando con la pelota pegada a su pie derecho, que se atrevía a encarar a uno o dos contrarios sin dudarlo, por lo que sea, ha desaparecido. Puede que sea un problema de seguridad y confianza debido a la grave lesión sufrida, pero cada partido que no se arrima su figura se difumina y pierde identidad y valor.