Árbitra y asistenta

A los cronistas les pasa como a los árbitros: se equivocan mucho en las áreas. Porque a menudo les escuchamos: “Hubo más peligro en nuestro área”, o “defiende muy bien su propio área”, o “las dos jugadas ocurrieron en el mismo área”…, cuando lo correcto es “nuestra área”, “su propia área” o “la misma área”.

El género de “área” es femenino (“área pequeña”, “las áreas”), pero en singular le debe anteceder el artículo masculino “el” como a todas las palabras que comienzan con una “a” tónica (es decir, una “a” inicial en la que recae el acento, ya sea escrito o sólo sonoro): “el águila” (pero “las águilas”), “el hacha” (pero “las hachas”), “el alma” (“las almas”)…

Tal cambio de género en el artículo rige para el singular, y no para el plural ni para los adjetivos: “esta hacha”, “esta águila”, “la otra ánfora”, “su propia alma”.

Y para enredar más el asunto, nos llega la palabra “árbitra”. Con ella se podría pensar que también queda afectada por la norma de “el agua” (“las aguas”), “el aula” (“las aulas”) o el “ánima” (las ánimas). ¿Se debe decir por tanto “el árbitra”? Pues no. Aquí tenemos una excepción. Pero en la lengua incluso las excepciones responden a alguna lógica. En este caso, un rasgo morfológico diferencia a la palabra “árbitra” de las otras citadas: aquí existe la alternativa árbitra/árbitro, por lo que se da un cambio de género; algo que no sucede con los demás ejemplos (no hay águilos, ni hachos, ni aulos, ni almos, ni áreos). Así que los narradores podrán hablar tranquilamente de “la árbitra” y de “el árbitro”. Una cosa que tenemos resuelta.

Ahora bien, ¿qué hacemos con el término “asistente” cuando corresponde a una mujer? A nadie se le escapa la distinta connotación de “asistenta” respecto de “asistente”, y no me imagino a los narradores diciendo “la asistenta se está mostrando muy casera”, por ejemplo.

No todos los participios presentes convertidos en sustantivos toman marca de género. Decimos “la dependienta” o “la presidenta”, pero también “la cantante”, “la dirigente” o “la vidente”. Así que no habría confusión de significado ni vulneración de la norma al decir “la asistente”, pues el artículo ya deja claro que se trata de una mujer. Caso resuelto también.

Y si alguien no está de acuerdo con esto, roguemos que doña María Moliner levante la cabeza para que venga y nos sirva de árbitra.