La Segunda División se crispa
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La situación de algunos clubes de Segunda División es vergonzosa. Contemplar como se descompone el Levante o cómo crece sin límite la crispación en el Xerez da pena e invita a pensar que en esto del fútbol vale todo. Los jugadores granotas salen huyendo de una entidad podrida hasta la médula y los azulinos optan por el paro para evidenciar lo difícil que es trabajar cuando no te pagan.
Este ambiente tan desagradable le da alas a aquellos que se creen el alma de algunos clubes y que en realidad son lo peor de ellos. Las pintadas y actos de violencia de Jerez no son admisibles, hay que condenar ese tipo de actos violentos y hay que localizar a sus responsables. Cuando se mezclan las emociones y la ineptitud de los gestores, a veces la tensión llega al límite pero hay formas de mostrar la desaprobación al trabajo mal hecho por parte de los responsables de los clubes y la violencia física o verbal no está en esa lista. Tiene que prevalecer la sensatez en los aficionados mientras que presidentes y directivos deben demostrar que llegan a los clubes para algo más que salir en la foto cuando las cosas van bien, huyendo sin rubor cuando asoma el fracaso.




