Yo digo Joaquín Maroto

El gran cachorro de Clemente

Joaquín Maroto
Redacción de AS
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El palmarés de Fernando Hierro no admite discusión: ha sido un gran jugador. Anuncia su retirada después de jugar durante 14 años en el Real Madrid, club al que llegó unos días después de comprometerse, y vestirse, la camiseta del Atlético de Madrid ante Jesús Gil, el 3 de junio de 1989. Aquella renuncia le costó 30 millones de pesetas que salieron de las arcas del club de Chamartín, que siempre se portó bien con él. Así, cuenta Hierro en su despedida que el Madrid le adelantó el dinero necesario para comprarse su primera casa. La última, la que encargó precisamente en el barrio de Puerta de Hierro, la pagó con los dineros que ganó en el fútbol, incluidos los casi 2'5 millones de euros que negoció por renunciar a su contrato verbal de renovación no cumplido y al medio millón más que cobró tras demandar, y negociar después vía abogados, al Real Madrid por no darle su partido homenaje.

El comportamiento de Hierro sobre los campos de fútbol fue tan señalado como su intervención en los motines de Montecarlo, que llegó por el primer intento fallido de traspaso de Morientes, y del Txistu, por no dejar a los jugadores el entonces alcalde de Madrid pisar La Cibeles. Hierro es de la escuela de Clemente, como Zubizarreta. Jugadores que hicieron ley dentro y fuera del campo, que gozaron de un poder extremo y que, como signo genético común, tuvieron aversión y manías con los medios de comunicación. Hierro, un día, le dijo a Pedro Chueca, fisio del Madrid: "Yo habría llegado lejos de verdad con mi cuerpo y tu cabeza". Chueca es tuerto. Y en el reino de los ciegos, el tuerto es el rey.

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