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El Madrid regresa a casa como Ulises

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Como Ulises después de Troya, el Real Madrid regresa esta semana al Bernabéu, su particular Ítaca, en obras desde hace tres años. El jueves se enfrentará al Atlético en los cuartos de final de Copa, que este año promete grandes momentos. Habrán pasado 77 días desde su último partido en casa, la victoria contra el Cádiz el 10 de noviembre, una semana antes del comienzo del Mundial. Ni en el descanso de verano se alejan tanto los equipos de su ambiente. Ha sido un largo viaje, salpicado por varias tormentas, y cerrado con éxito en San Mamés, donde respondió con cohesión y mucho esfuerzo al trepidante partido que le propuso el Athletic.

Al encuentro no le faltó nada. Fue vibrante, discutido en el juego, limpio en su desarrollo y lleno de matices. En las cuestiones de detalle es donde se impuso el Real Madrid, que aprovechó la excepcional calidad de Benzema y Kroos en dos remates perfectos en la ejecución, dificilísimos de engatillar. En lo suyo, han sido y son supremos jugadores, dueños de recursos muy raros de ver en el fútbol.

El Athletic llevó al Madrid por el peralte durante todo el encuentro, con gran ritmo, verticalidad y buen gusto en el juego. Atacó en la primera parte y atacó más en la segunda, después del golazo de Benzema, precedido por la descubierta del equipo bilbaíno en su banda izquierda. Berenguer cerró más de la cuenta casi siempre, quizá obedeciendo instrucciones, y permitió varias apariciones de Valverde y Nacho. En cualquier caso, Valverde metió con comodidad el centro que precedió al remate de Benzema.

El gol llegó pronto. El segundo, a última hora. En medio un partido que confirmó la mejoría del Real Madrid con respecto a sus actuaciones en Valladolid, la semifinal de la Supercopa, y las dos primeras horas de sus enfrentamientos con el Villarreal. Empalmó en Bilbao con el segundo tiempo en Vila-Real, donde pasó del cero al sobresaliente y sacó billete para los cuartos de final de la Copa.

Ancelotti recompensó a los que terminaron el encuentro de Copa. Persistió con Nacho en el lateral, con el éxito que suele garantizar este jugador, Ceballos en el medio campo y Asensio en la delantera. No siempre ocurre, pero en esta ocasión se impuso el mérito. A diferencia de la magnífica segunda parte frente al Villarreal, el Madrid lidió con el papel de resistente. Si en la Copa se adueñó del juego para remontar, en San Mamés cumplió otro registro, poco habitual en la Liga española pero frecuente en las eliminatorias directas de la Copa de Europa.

Un aspecto bajo sospecha en el Madrid es su rendimiento defensivo. Raro es el partido en el que no encaja goles. Concede oportunidades a go go, generalmente desactivadas por Courtois, verdadera estrella de este largo viaje desde noviembre. Esta vez, la defensa, el bloque del equipo en general, protegió el área de verdad, en condiciones de gran dificultad, porque el Athletic no se resignó nunca y sometió en varias fases al Real Madrid.

El Madrid se defendió cerca en su área y alrededores con energía, orden y atención. Colaboró todo el mundo para sofocar los incendios que Nico Williams iniciaba en la banda derecha y la sucesión de ataques que produjo el Athletic desde los primeros momentos del duelo. Al Madrid le tocó achicar agua, especialmente en el segundo tiempo, pero nunca dio la impresión de hundirse. Si contra el Villarreal manifestó carácter y finura en el segundo tiempo, en Bilbao mostró la cohesión perdida hasta ahora, el empaque para navegar en la tormenta y la calidad para aprovechar lo que sólo tienen equipos como el Madrid: jugadores que año tras año marcan la diferencia.

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