Barreda deja huella en el Dakar

Joan Barreda es uno de esos campeones españoles con un reconocimiento popular menor al talento y al rendimiento que exhibe. Quizá porque su nombre sólo ocupa las primeras planas de enero en enero, de Dakar en Dakar, muchas veces en competencia por los titulares con ilustres como Carlos Sainz. O quizá porque todavía le falta esa puntilla que le consagre entre los grandes del deporte. Me refiero, obviamente, al triunfo final en la competición de motos, como antes hicieron Marc Coma, en cinco ocasiones, y Nani Roma, en una, aunque luego sumó otra en coches. Barreda, en cualquier caso, sí ha conseguido algo que no hizo ninguno de estos dos míticos compatriotas. Ni tampoco Jordi Arcarons, un clásico del raid que no logró llevarse ningún Tuareg a casa, pero se hinchó a ganar etapas hasta alcanzar las 27 victorias. Barreda igualó esa cifra en la pasada edición y la batió en la jornada de este lunes, para convertirse en el piloto español de motos con más triunfos. Un enorme mérito si analizamos la calidad de sus predecesores. De paso, ha remontado 20 minutos y vuelve a pujar por el título.

Barreda ya sólo divisa por encima a Stéphane Peterhansel y Cyril Despres, dos mitos de las dunas que pararon su cosecha sobre dos ruedas en 33 victorias. El castellonense es un ganador, un devorador de etapas a quien únicamente le falta encontrar la regularidad apropiada para traducir esos éxitos parciales en un éxito absoluto. Ahí está su punto débil. Su mejor clasificación fue la quinta plaza en 2017, ni siquiera ha pisado el podio final. Al contrario, casi la mitad de sus participaciones han acabado en abandonos, cinco de once, habitualmente a causa de accidentes por su conducción al límite. Mientras Barreda continúa la búsqueda de ese equilibrio que le aúpe a lo más alto, al menos puede presumir de récord y, en sus propias palabras, de haber dejado “huella” en el desierto.