La maratón corre hacia la normalidad

La pandemia borró las multitudes del mapamundi durante buena parte de 2020 y 2021. En el deporte supuso la salida del público de estadios, pabellones, circuitos, puertos… Y también la cancelación de las carreras populares. Las grandes pruebas de maratón no se libraron del golpe. De las seis denominadas Majors, las más importantes, el año pasado sólo se organizaron dos, Tokio y Londres, pero reducidas a la competición de élite. Boston, Berlín, Chicago y Nueva York clausuraron la actividad a la espera de tiempos más seguros. La ventana de primavera, que tradicionalmente alberga la mitad de ellas, tampoco mejoró el panorama, por lo que todas se reubicaron en otoño. Su celebración desde septiembre ha devuelto cierta normalidad al atletismo popular, al extenso sector del running.

Londres superó los 40.000 atletas, la participación más masiva hasta el momento. Chicago llegó a 35.000. Boston acogió a cerca de 20.000. Berlín puso el tope en 25.000, cuando suele rebasar los 60.000. Y Nueva York cerrará el 7 de noviembre con 33.000 corredores de sus habituales 55.000. Sólo Tokio, inicialmente prevista para el próximo domingo, ha pisado de nuevo el freno con otro aplazamiento hasta marzo de 2022 debido a su vigente estado de emergencia. Todavía hay restricciones, por supuesto, pero las maratones comienzan a ver la luz, en paralelo al regreso del público a los recintos. La tendencia en España ha sido similar. Madrid pudo organizar por fin su maratón el 26 de septiembre, después 29 meses de sequía. Barcelona, el 7 de noviembre, y Valencia, el 5 de diciembre, aparecen en perspectiva, igual que otras muchas. El retorno de las carreras populares es una gran noticia para el deporte. Y no sólo por la actividad física y saludable, que también, sino por su vertiente social y económica. La ciudad de Madrid, por ejemplo, mueve 40 millones de euros en su fin de semana.