Jon Rahm llega liberado

Las miradas del golf se dirigen a Jon Rahm, el último campeón de un major. No importa que no ganara el Scottish el pasado fin de semana, en su regreso a Europa desde 2019, que también es su regreso a la competición tras su triunfo en el US Open. Terminó séptimo en Escocia, con problemas con el putt, pero en las dos primeras jornadas estuvo en cabeza. No importa tampoco que ese resultado le haya hecho perder el número uno en favor de Dustin Johnson. Siempre es mejor llegar con una victoria en el torneo anterior y con el liderazgo mundial, claro que sí, pero en un deporte como el golf no garantiza nada. Lo importante, realmente, es que Rahm se ha quitado de encima ese peso que le obligaba a ganar un grande desde que llegó al profesionalismo. Pues ya está, ya lo tiene. Por eso todos le miran y por eso le señalan como favorito. Pero ya sin losa. Ahora sólo tiene que pensar en desplegar su mejor juego, lo que le llevará, inevitablemente, a conquistar otro major. Y quizá algunos más. Puede ser a partir de ests jueves en el Open Británico. O puede que más adelante. Sólo tiene 26 años.

La victoria en el US Open supone una liberación, pero también un paso en un camino que se adivina largo y glorioso, en el que ya asoman inminentes nuevos retos. El British Open es el primero, con la posibilidad de convertirse en el segundo español en su palmarés, tras el eterno Severiano Ballesteros. También en el séptimo jugador que culmina el doblete de ambos majors, el último Tiger Woods, en 2000. Luego vienen los Juegos de Tokio, un torneo de nula tradición en el golf, pero que el de Barrika, al contrario que otros profesionales, valora a la máxima altura: “Que te llamen olímpico es un honor al alcance de pocos. Si le pudiera dar una medalla a España, sería un gran momento”. El remate será la Ryder Cup, en septiembre. Siempre un desafío. Rahm ya tiene su major. Pero no va a parar ahí.