Las finales se juegan para ganarlas

El Real Valladolid se está mal acostumbrando a empatar finales Las finales se juegan para ganarlas y si no las ganas te acabas quedando sin premio. Los empates en una Liga de tres puntos por la victoria están más cerca de la derrota que del triunfo. Por eso el Valladolid, rey del empate de esta Liga, como no gane pronto se irá a Segunda. Quedan cuatro partidos a vida o muerte y se tiene que acabar la racha de empates. Es mejor perder dos y ganar dos que empatar cuatro. Ha llegado el momento de arriesgar para ganar, para sumar de tres, para lograr lo que es necesario como el aire que respiramos. Si el Valladolid no gana dos partidos de los cuatro que restan se quedará sin oxígeno y bajará a Segunda. Ha llegado el momento de jugársela para ganar aun a riesgo de perder. No se puede dejar para los dos últimos partidos lo que hay que empezar a buscar sin dudas desde el domingo en Valencia.

Llevamos 34 jornadas y el conjunto de Sergio sigue en busca del equilibrio que esta temporada ha perdido. Sigue encajando gol en todos los partidos. Cuando se descubre para atacar más deja al descubierto sus carencias defensivas. Cuando se pertrecha atrás para no encajar acaba dominado, sin contragolpe y termina por encajar. Esa seguridad defensiva de las dos temporadas anteriores ha desaparecido y Sergio no es capaz de encontrarla. Por ahí se está llenando de agua el barco. Cuando no falla un defensa falla el portero o te mete un gol el portero contrario en el último minuto. Siempre pasa algo en contra. La endeblez defensiva deja al conjunto blanquivioleta muy expuesto a los peligros. Y así llevamos 34 partidos sin que el entrenador le ponga solución.

Pero a pesar de todo hay motivos para tener esperanza. De momento, el Valladolid está fuera del descenso y con un punto más que Huesca y Elche. Da muestras de que el vestuario cree en la salvación y logra empatar partidos que parecían perdidos como en Elche, Bilbao o ante el Betis. Está empezando a aparecer la mejor versión de jugadores como Olaza, Mesa, Orellana y, sobre todo, Weissman. El delantero de Israel, que tiene el gol en la mirada, ha jugado mucho menos de lo que merecía y el equipo necesitaba. Sergio no ha sido justo con él y eso ha perjudicado. Su empeño en poner a Guardiola tampoco ha ayudado. Nos agarramos pues a la calidad de una plantilla que, convencida y unida y con un poco más de suerte, se puede salvar. Pero hay que ganar, hay que ir a por las victorias y demostrar lo que el club se está jugando. La primera gran final en Valencia y con nuevo entrenador en el banquillo de Mestalla. Tenemos una semana por delante para soñar con esa victoria que se resiste y que todo lo cambiaría.