El regate como medio de vida de Javi Galán

Viva la heterodoxia

Resulta imposible ver la nómina de regateadores de LaLiga y no extrañarse de principio. Messi ocupa, cómo no, la primera posición. La sorpresa aparece un escalón después. El lateral zurdo del Huesca Javi Galán (26 años) es su más inmediato perseguidor con 66 regates buenos y un 73% de éxito. Quizá, pensándolo bien, no sea tan inverosímil. Por más que su ubicación en el campo diga lo contrario, Galán es más atacante que defensa. El atrevimiento y la profundidad despuntan como sus mejores virtudes. A veces va casi por libre y enfrenta a uno, dos o tres rivales con la certeza de sentirse ganador. Frente al Valladolid lo confirmó de nuevo (seis regates de ocho completados). El golpe de timón de Pacheta, con el cambio de sistema a tres centrales y dos carrileros, le ofrece mayor libertad y reduce sus obligaciones defensivas, en las que en muchas ocasiones no sale bien parado. Galán se salta la ortodoxia del fútbol. Es así y esa disposición sincera es su principal fortuna.

La aparición

Es sabido que las épocas de crisis son una excelente oportunidad para descubrir jugadores que en circunstancias normales tendrían difícil cabida. A Javi Gracia hay que atribuirle la confianza depositada en Uros Racic (22 años), un valor en alza en el Valencia. El serbio se ha destapado como un centrocampista de recorrido, buen trato de balón y al quite siempre en las coberturas y anticipaciones. Si en el Wanda dejó un gol extraordinario desde 26,6 metros y una velocidad en el golpeo de 111,5 km/h, la contribución ante el Elche no fue menos importante. Aportó seguridad y firmeza, notable en la recuperación (nueve robos) y apoyo constante de los centrales en la segunda parte. El Valencia le necesita para sobrevivir al desgobierno.

Racic protege el balón. / David González

Pulso abierto

La competencia entre los porteros figura como la más singular que se puede entablar. No revelamos nada excepcional. El papel de Bono en el Sevilla se verá amenazado la próxima campaña con el fichaje, al que solo falta la oficialidad, de Dmitrovic. El morbo emergió en el compromiso entre Eibar y Sevilla por ver las prestaciones de ambos. La lesión del serbio desdibujó el duelo e impidió sacar conclusiones directas. Su concurso en la Liga sí permite tener algo en claro. Los números de Dmitrovic expresan un porcentaje de paradas del 69% y hasta 15 intervenciones decisivas en grandes oportunidades del rival. Las cifras de Bono ascienden al 78% en el primer apartado y bajan a siete paradas en el segundo. El decalaje se explica por el propio contexto del Eibar y del Sevilla. Va a ser un pulso ajustado.

El remedio incompleto

Se ha hablado mucho de la rudeza del Getafe-Alavés. Nadie se puede llevar a engaño. Fue un fastidio de partido en el que apenas hubo algo que reseñar. Si algo preponderó fue el arreglo táctico de Bordalás con una línea de cinco zagueros para poner fin a los apuros defensivos, más señalados por la ausencia de Djené. Es cierto que el Getafe protegió mucho mejor su área —ocho toques y dos disparos concedidos— y que tiene sentido este esquema para sacar lo mejor de Kubo y Aleñá por dentro, pero tampoco le dio para ganar. Y las deducciones son poco categóricas por el encuentro que se vio.