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La natación amplía el mapa, pero España es inexistente

El Mundial de natación se cerró con 10 récords del mundo, una cifra más que considerable, mejorada por la magnitud de algunas de las nuevas marcas. Los registros de Caeleb Dressel (EE UU) en 100 mariposa (49,50 segundos), Josef Milak (Hungría) en 200 mariposa (1.50.73 minutos) y la estadounidense Regan Smith (57.57 y 2.03.35 en 100 y 200 espalda) señalan una nueva época, el ingreso en un territorio tan desconocido que sólo ellos parece que están en disposición de atacar esos tiempos. Son los récords que han acabado con nombres que han edificado buena parte de la mejor historia de la natación: Michael Phelps, que ya sólo cuenta con un récord mundial en vigor (400 metros estilos), y Missy Franklin, ganadora de cinco medallas en los Juegos de Londres 2012.

La última jornada confirmó la dispersión de estos Mundiales. Estados Unidos sale con 27 medallas, 11 menos que hace dos años. Más que la cifra, son otros datos los que revelan las insospechadas carencias del equipo, especialmente en el apartado masculino. Las seis medallas de oro corresponden esencialmente a la contribución de Caeleb Dressel (50 y 100 metros libre, 50 y 100 mariposa, relevos 4x100 libre mixto y 4x100 libre). No ha habido más victorias individuales, con otro dato significativo: Estados Unidos se ha convertido en un segunda división de las pruebas de fondo.

Australia ha emergido con poderío después de su fracaso en 2017, con estrellas de gran calibre, Ariarne Titmus a la cabeza. Lo mismo sucede con Canadá. Impresiona su grupo de nadadoras (Maggie Macneil, Taylor Ruck, Kylie Masse). En los Juegos de Tokio alcanzarán su madurez. Sin embargo, la gran novedad ha sido la estadounidense Regan Smith, 17 años, que apareció el penúltimo día de competición y ha robado el plano a todo el mundo. Dos récords mundiales, con unas marcas de impresión. España ha sido un desastre. Con Mireia Belmonte disminuida, el fracaso ha sido escandaloso. El papel de los inexistentes.