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El mejor Karim de siempre

La profecía. En el descanso del partido, cuando las cañas se volvieron lanzas tras 45 minutos de infamia, hablé con Anas Sordo. Es un veterano madridista marroquí que aterrizó en el Bernabéu encabezando una expedición de 54 compatriotas suyos llegados desde Tetuán (Marruecos), representando a la Peña REMATE (REal MAdrid TEtuán). Mucho mérito venir desde tan lejos sabiendo que su equipo del alma sólo se juega el orgullo, una vez extraviados los objetivos deportivos. Con 0-1 yo estaba muy desanimado, pero Anas me activó con esta frase: “Estamos soñando con el futuro, con el cambio total... Pero hoy el equipo va a ganar y a regalar el triunfo a nuestra peña. Ese esfuerzo por venir hasta aquí se verá premiado”. Su convicción me contagió. Debió llegarle también a un jugador que en Marruecos es de los más apreciados: Karim Benzema. Su partido fue de nuevo de lo poco salvable en una nave que a veces parece a la deriva, como si sus tripulantes se resignasen a la crónica de un naufragio anunciado. En esa zona del barco están Bale (definitivamente out), Varane (sigue sin pronunciarse sobre su futuro), Asensio (su asistencia en el 1-1 le maquilló un nuevo partido gris), Kroos (más entonado tras el jarabe de banquillo) e Isco (el malagueño cuenta con la confianza de Zidane y poco a poco se la está devolviendo...).

Reflexión. Cuando Cardona metió el 0-1 y el fuego del Bernabéu barruntaba una tormenta mayor de la que luego cayó de verdad, recordé que justo en un día como hoy (6 de abril de 1992), el Madrid ganó 2-0 al Burgos en un partido que sirvió para que el Bernabéu rindiese un emocionado y sentido homenaje a su ídolo del alma que acababa de irse para siempre: Juanito. Butragueño, siempre elegante y ejemplar, se puso ese día la camiseta con el número ‘14’ como respeto y recuerdo a Juanito. El ‘7’ no lo llevó nadie esa tarde. Sólo se lo puso la afición del Bernabéu en su recuerdo. Era un Madrid que no ganaba Copas de Europa, pero en ese vestuario había sobredosis de sentimiento, compromiso y fidelidad hacia el escudo.

Karim lo merece. Lleva ya diez años entre nosotros y seguro que en los nueve anteriores no hubiera afirmado jamás algo así. Pero lo digo muy alto. Este Benzema me representa. A mí y a muchos madridistas. La actitud de Karim en lo que va de curso es la que debe tener un profesional del Madrid. No ha bajado nunca la cabeza (al revés, la pone al servicio del club y ya lleva nueve goles con la testa) y lejos de pesarle el brazalete de capitán (el descanso de Ramos y la sanción de Marcelo hizo que le tocase), lo luce con orgullo y notoriedad. Metió dos goles salvadores, los dos con cabezazos que hubiese firmado Cristiano sin dudarlo. Falló con la espada para un hat-trick más que merecido. Ya lleva 26 goles, camino de los 32 de la 2011-12, su mejor registro de blanco. Ha superado el casting de Zidane de sobra. En la 2019-20 hay una silla VIP reservada para él. Allez, Karim!

Héroes. Así debo calificar a los 50.284 aficionados que se pasaron por caja. Por el esfuerzo de esta gente se valora que al menos la tropa de Zizou se pusiese las pilas en la reanudación, para desesperación de Mendilibar y su valiente Eibar. El triunfo me alegra sobre todo por mis paisanos de la Peña Santiago Bernabéu de Malagón (Ciudad Real). Mañana cumplirán 60 años desde su fundación, venerando al mítico presidente. Siempre estará en nuestra memoria.

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