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El ciclismo continúa herido

El ciclismo arrancó oficialmente la temporada en Australia con el Tour Down Under, la primera carrera del WorldTour. Cuando Elia Viviani alzó los brazos tras dominar el esprint inaugural, daba la sensación de que nada había cambiado. Viviani fue el pichichi de la pasada campaña, con 18 victorias, y ahí sigue al frente. Pero algo sí había variado en su foto, porque en su pecho lucía otro anunciante: Deceu­ninck, una empresa de ventanas que comparte el maillot con el Quick Step, una compañía de suelos que lleva 20 años como primer o segundo patrocinador. El futuro del equipo belga ha estado cuestionado hasta que en octubre entró Deceuninck, a pesar de ser el más laureado del pelotón: el año pasado logró 73 victorias con 14 ciclistas diferentes, entre ellos el prometedor Enric Mas.

El caso del Deceuninck-Quick Step ocupa muchas tertulias de ciclismo, porque reincide en la insoportable fragilidad de sus equipos para sobrevivir por sí solos. Ya utilicé la misma expresión cuando se supo que Sky cerrará el grifo al término de 2019, pese a su poderío en el Tour de Francia. Los resultados no garantizan nada. Cuenta Patrick Lefevere que cada vez que tocaba una puerta en busca de un patrocinador, chocaba con las eternas dudas sobre el dopaje. "¿Qué son esas estupideces sobre Chris Froome?", le decían al mánager belga. El ciclismo ha avanzado mucho en esta lucha, pero continúa con nubarrones, especialmente acentuados por la inexplicable resolución sobre Froome y por aquel paquete misterioso de Wiggins. Dos casos del Sky. Dos ganadores del Tour. La herida no ha cicatrizado.

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