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Ni siquiera el todopoderoso Sky

La Vuelta a España anunció a media mañana de este miércoles que partirá de Utrecht en 2020. Cuando lanzó el comunicado ya sabía que en esa edición no iba a estar Sky, que acababa de poner fecha al cierre del patrocinio de la escuadra más poderosa del mundo: finales de 2019. Las grandes carreras permanecen, pero los equipos pasan. No importa su historial ni su dominio. Siempre ha sido así. Los organizadores saben hacer rentable su negocio, pero los equipos siguen dependiendo de la decisión, o muchas veces del capricho, de un empresario. El caso del Sky no ha sido diferente al de muchos antecedentes. El hijo del magnate Rupert Murdoch quiso invertir en el pelotón, conseguir que un británico ganara el Tour de Francia, lograr que el ciclismo fuera un referente en el Reino Unido... Y lo cumplió con creces.

En sus nueve años de existencia, el Sky no ha ganado un Tour, sino seis: cuatro de Froome, uno de Wiggins y el último de Thomas. Además de una Vuelta y un Giro, también con Froome. Lo hizo bajo el mando del meticuloso Dave Brailsford, exprimidor del pequeño detalle. Su fórmula funcionó, gracias también a su mareante presupuesto de casi 40 millones de euros. El Movistar compite con menos de la mitad. Al nuevo accionista de Sky, el gigante americano Comcast, ni le gusta el ciclismo, ni entiende por qué debe gastarse tanto. Y ha cerrado el grifo al palmarés más brillante, lo que vuelve a demostrar la insoportable fragilidad de los equipos ciclistas, incapaces de sobrevivir por sí mismos, ni siquiera bajo el paraguas del WorldTour. Brailsford busca ahora un nuevo patrocinador. Sin ninguna garantía de encontrarlo.

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