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El enfermo mejora, pero no está radiante

Cuatro años de decepciones -Mundial 2014, Eurocopa 2016 y Mundial 2018- necesitan de mucho más que una honorable victoria en Wembley para acabar con las sospechas que pesan sobre la Selección. Luis Enrique tiene un duro recorrido por delante, sometido a las mismas exigencias que gestionaron Clemente, Camacho, Iñaki Sáez y Luis Aragonés, cuyo éxito en la Eurocopa 2008 estuvo precedido por tres años (2004-2006) de expectativas no cumplidas, como les había ocurrido a sus antecesores. El prestigio de España fue máximo durante un periodo deslumbrante, pero la realidad invita al latente pesimismo actual. No basta con un buen partido, ni tan siquiera con una buena fase de clasificación en la Eurocopa 2020, para recuperar el crédito perdido por la Selección. En cualquier caso, España dejó frente a Inglaterra algunos apuntes notables.

Luis Enrique tiene fama de entrenador vigoroso, tamizado por su doble estancia en el Barça, primero como jugador y luego como técnico. Los dos aspectos -vigor y preponderancia por la posesión- se observaron con nitidez en Wembley, donde Inglaterra confirmó los problemas que padeció en el Mundial, pero que pasaron inadvertidos en medio de la ola de entusiasmo mediático que desató el equipo. Los ingleses marcaron nueve de sus 14 goles en Rusia a través de faltas, saques de esquina y penaltis. Ganaron a Panamá, Túnez -en el último minuto del partido-, Colombia -en la tanda de penaltis- y Suecia. Perdieron contra Croacia y dos veces con Bélgica.

Inglaterra comercializó bien su tercer puesto en el Mundial, pero no impresiona. Por recursos, todavía está por debajo de España, a pesar del banquetazo que sufrió la Selección en Rusia, donde acentuó el declive de los cuatro años anteriores con los episodios previos al torneo: fichaje de Lopetegui por el Real Madrid y despido del seleccionador. Sin embargo, en Londres se observó la superioridad de España durante la mayor parte del encuentro. La Selección jugó con más ideas y recursos. Fue un debut prometedor de Luis Enrique.

Quedó claro que Carvajal, cuyo crédito salió lastimado del Mundial, es el mejor lateral derecho de España, con mucha distancia sobre los demás. A Nacho, que es un excelente remedio en la mayoría de las ocasiones, le faltó el punto de jerarquía que caracterizaba al mejor Piqué. Sufrió mucho con Rashford, el mejor de los ingleses. Marcos jugó sin la naturalidad que le distingue en el Chelsea, donde se ha beneficiado de un sistema defensivo diferente.

El peculiar 4-3-3 de Luis Enrique -Isco actuó de extremo izquierdo durante la mayor parte del encuentro- ofreció buenas señales en el medio campo, donde Busquets, Saúl y Thiago alcanzaron su mejor versión. Saúl, el jugador que más remite por su estilo al Luis Enrique futbolista -despliegue y llegada a posiciones de remate-, se ganó la confianza del nuevo seleccionador. Si Luis Enrique buscaba menos toque y más verticalidad, Saúl es la respuesta más conveniente.

La ausencia de Diego Costa fue cubierta con el excelente Rodrigo actual, un delantero que se siente importante y lo es, y un correcto Aspas, menos cómodo en la punta del ataque que con la libertad que le adorna en el Celta. Está claro que el debate sobre Diego Costa en la Selección está muy lejos de cerrarse, tanto como la posición de Isco, cuya habilidad apenas le sirvió de nada en Wembley. Fue un extremo lento.

Nadie fue más examinado que De Gea, un portero a la antigua -depende de sus grandes reflejos en la raya de gol- que juega muy retrasado, querencia que afecta a la posición de la línea defensiva, y no destaca en los centros aéreos. El árbitro le ahorró un sofocón en la jugada del gol anulado a Welbeck.

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