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La fiesta de Villa e Isco, el chocolatero

La fiesta de Villa e Isco, el chocolatero

Ochenta mil almas tarareando, bailando, inclinándose con los acordes de Paquito el chocolatero, el pasodoble más interpretado de la historia, presagiaban una noche de fiesta. Esa explosión de alegría colectiva, minutos antes de saltar al terreno de juego ambas selecciones, trasportaba a todos los asistentes anoche al Santiago Bernabéu a cualquier plaza de cualquier pueblo español durante cualquier verano de sus vidas. Tararear y bailar juntos Paquito el chocolatero vertebra España como lo hace la Selección española de fútbol. En ese clima de alegría y exaltación de la amistad saltaron al campo dos andaluces, tres catalanes, un canario, dos madrileños, dos castellano manchegos y un mallorquín (ninguno de ellos delantero) a seguir la fiesta como las orquestas pachangueras estiran noches interminables e inolvidables.

Y menudo fiestón prepararon los chavales de La Roja. Francisco Román Alarcón Suarez, el genio de Arroyo de la Miel, fue Isco el chocolatero y lideró los arreones del baile con dos golazos cortesía de la Costa del Sol con los que dejó helado a Buffon, recordando canciones de Raffaella Carrá. A Piqué le silbaron algunos, pocos, los patosos que te la pueden liar en cualquier feria cuando todos se lo están pasando dabuten. Al terminar el descanso, el pincha se volvió a salir con el ¡Que Viva España! Seguía la fiesta. Jugadón de Ramos y gol de Morata. Quedaba romperse las manos con la atronadora ovación que recibió Villa. La salida del Guaje, por petición popular, fue como un Asturias patria querida. Como dicen en la tierra de Don Pelayo, "Asturias es España y el resto tierra conquistada". Y despacito, golito a golito, acariciamos el Mundial de Rusia. ¡Aúpa España!

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