La decisión será del jugador

Noticias relacionadas
A principios de los años 90 del siglo pasado los clubes empezaron a imponer elevadas cláusulas de liberación (rescisión) en los contratos de los futbolistas para evitar fugas a coste cero. Uno de los detonantes fue la marcha de Felipe Miñambres, hoy director deportivo del Rayo Vallecano, desde el Sporting al Tenerife, sin mediar traspaso porque el jugador deseaba irse. Un juez impuso al cuadro insular el pago de una compensación que los asturianos estimaron insuficiente. La cláusula de rescisión se supone que la paga un futbolista para comprar su libertad. Hace años, Fernando Puche depositó en la LFP los 1.300 millones de las antiguas pesetas (7,8 millones de euros) para fichar a Munitis. La operación no se hizo porque el cántabro no quiso irse del Racing.
Isco tiene una cláusula de rescisión de 21 millones de euros, que pasará a ser de 22 el próximo 1 de julio de 2013. Es obvio que el Chelsea le podría poner este dinero para que él mismo se encargue de sellar su cambio de aires porque esto funciona así cuando un club se niega a negociar la venta de una de sus estrellas y remite al interesado "a su cláusula". El pasado verano, el Barcelona conversó con el entorno de Isco para calibrar sus opciones de irse al Camp Nou. Los catalanes no hicieron oferta al Málaga. El propio padre del crack malaguista estimó que lo mejor para su hijo era terminar de apuntalar su crecimiento vestido de blanquiazul y después, ya se vería. Las conversaciones para la renovación del malagueño no terminan de concretarse. Ojo al dato.



