Opinión

La penitencia del Madrid

Al equipo blanco le espera nada más que deshojar el calendario y confiar en que el daño sea el mínimo posible.

Los jugadores del Real Madrid, el brasileño Vinicius Junior (d) y el inglés Jude Bellingham, a la finalización del partido de la jornada 33 de LaLiga que Real Madrid y Deportivo Alavés han disputado este martes en el estadio Santiago Bernabéu, en Madrid.
Juanjo Martín
Gemma Herrero
Colaborador Diario As
Actualizado a

El Barça, salvo hecatombe, ganará su segunda Liga consecutiva que no es tan fácil ni habitual -sólo ha sucedido diez veces-; al Atlético le quedan las semifinales de la Champions con el Arsenal de rival y la opción de seguir soñando. ¿Y al Real Madrid? Pues no le espera nada más que deshojar el calendario y confiar en que el daño sea el mínimo posible. Ése, y no otro, será su castigo, la penitencia y el escarmiento que se merece.

El castigo ya lo está recibiendo: tener que jugar sin ninguna meta ni objetivo a la vista más allá de no dejarse ir -porque el madridismo no lo toleraría- cuando ya se sabe que sumará la segunda temporada en blanco con una plantilla con Vinicius, Mbappé y Bellingham. El escarmiento es la lección que ya debería haber aprendido Florentino Pérez con ‘los Galácticos’: juntar cromos no siempre es sinónimo de éxito cuando detrás no hay un plan, una idea. Y la penitencia será la que lleven a cuestas porque no hay señales de arrepentimiento, de propósito de enmienda, nadie que salga y diga nos hemos equivocado más allá de que Mbappé y Vinicius, con el pescao ya vendido, no celebren sus goles ante un Alavés flirteando con el descenso.

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Lo mejor que le puede pasar al Madrid, y también lo peor, es la indiferencia con la que parte de la afición se mira lo que queda, ese ya me da igual pero haced el favor de no caer en el ridículo. La ‘red flag’ -como dicen los modernos- estará en el Clásico que se disputará en dos semanas en el Camp Nou. Una derrota dolorosa, un Barça celebrando el título -y por números y calendario es posible- sería un dolor insoportable para una afición que ya sabe, porque después del desastre en Albacete señaló al césped, pero también al palco, que Arbeloa no es el problema ni la solución. Hace falta un meneo general y el silencio, la falta de respuestas del club y el señalamiento a los árbitros es tan inútil como bochornoso. Sobre todo cuando se cae en la cuenta de que hacer el pasillo al Barça o ser testigos del título culé son las opciones más probables.

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