Ecclestone debe reconsiderar su modelo de negocio
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Dejando al margen otro tipo de apreciaciones, considero a Bernie Ecclestone un genio de los negocios. Ha sabido convertir las carreras de Fórmula 1 en uno de los espectáculos deportivos más seguidos y rentables del planeta, comparable a otros grandes eventos como un Mundial de fútbol o unos Juegos Olímpicos. No osaría yo, desde luego, a darle consejos o enmendarle la plana, pero sí tengo mi opinión sobre el devenir de los acontecimientos en una coyuntura tan poco propicia como la actual. Y en este sentido, creo que el patrón de los grandes premios se verá abocado a redefinir su modelo de gestión, porque me parece que sus exigencias actuales van a resultar insostenibles en muchos sentidos.
Lo estamos comprobando, incluso sufriendo diría, muy de cerca con lo que ocurre en España. Los organizadores de Cataluña y Valencia debaten la viabilidad de sus pruebas a partir de 2013, sin olvidar que, a día de hoy, no tenemos una cadena que emita los grandes premios por televisión. Es decir, dos de los pilares de la Fórmula 1, los circuitos y la difusión, se tambalean. Por no hablar de los patrocinadores, que también se sienten asfixiados por la presión a la que se ven sometidos (uno de los problemas más serios con los que se ha encontrado La Sexta para la continuidad). Sí, ya sé que Bernie amenaza con la ley de la oferta y la demanda, con esa teoría suya de que le sobran aspirantes en mercados emergentes. No digo que no sea así (aunque me gustaría tener más detalles, porque esta cruenta crisis es para todos), pero también tengo claro que ése es un camino peligroso. La Fórmula 1 sin determinados ingredientes (pilotos, escuderías, escenarios, difusión...) sin duda que no sería lo mismo.




