Un corazón muy gordo
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No es plan de promover desde aquí un movimiento para la beatificación de Ronaldo, como han hecho en broma en Italia reclamando que hagan santa a la mujer de Mourinho. Pero fiestas de cumpleaños (en las de Cassano había más bollos), bodorrios en París (al fin y al cabo casi todos los invitados sabían a lo que iban) y carnavales al margen (mientras estuvo aquí jamás se subió a una carroza en el Sambódromo), Ronaldo no es tan fiero como lo pintan. Antes al contrario: lo más gordo de Ronaldo es su corazón.
Mucha gente, en España en general y en Madrid en particular, le debemos agradecimiento. Aunque Ronaldo no quiso darle publicidad a lo que voy a contar, no creo que ahora esté mal que se sepa. Al poco de llegar a Madrid, Ronaldo fue invitado a visitar a los niños enfermos de cáncer del hospital de San Rafael, en la calle de Serrano. Acudió a esa cita, y algún tiempo después decidió hacer una donación al centro para ayudar a que esos niños tuvieran una vida mejor. En su nombre y en el mío, gracias Ronaldo.




