Ni Raúl es Bolt... ni Bolt es Raúl
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Si Usain Bolt consiente en integrarse en una sesión del Real Madrid (o de cualquier elenco profesional de fútbol), puede que sea una cosa digna de ver, pero algo hay seguro: como cualquier otro deportista no acostumbrado a ese entrenamiento, Bolt acabaría con... agujetas. Las aceleraciones y explosividad de Usain son relampagueantes, incluso en el campito de hierba mal cortada de su escuela de Kingston, la William Kneibb High School, donde nuestro héroe disfruta con la pelota y los chavales. Pero en el campo de fútbol se trata de moverse con y sin balón, en un deporte de habilidad, contacto y constantes cambios de ritmo en diagonal, cosas que no hay en atletismo. Funcionan distintos grupos musculares y habilidades no requeridas en la carrera de velocidad pura. En fútbol se acorta la zancada. Aquí, ni Raúl es Bolt... ni Bolt sería Raúl.
Frankie Fredericks, de Namibia, fue plata (19.68) tras Michael Johnson (19.32), aquella noche de 1996 en Atlanta... pero, en amistosos benéficos, Frankie se dejaba el balón atrás. Odonkor, del Betis, vale menos de 11.00 en 100 en la pista de atletismo: ello no le hace titular. Jordan, rey de la NBA, fue un mediocre en béisbol. Ver a Bolt devorando la banda sería un show casi de fútbol americano. Ahí acabó el gran Bob Hayes, la bala de Tokio 64. Este fútbol es otra cosa.




