La marea roja viaja a Salzburgo

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A las 13:12 del pasado sábado sonó por primera vez el Paquito Chocolatero en el Fan Fest de Innsbruck. Era la forma de hacer ver a los amables y tranquilos ciudadanos austríacos que la fiesta comenzaba, que la marea roja estaba con su equipo aunque fuese a casi 3.000 kilómetros. Esa alegría que llega a contagiar a los lugareños es la que diferencia a la hinchada española. La gente viene a divertirse, a disfrutar, a conocer a otras personas, lejos de los lamentables incidentes que por desgracia acompañan a los aficionados de otros países. De Cadiz, de Pamplona, de la Real Sociedad o del Betis, España puede estar orgullosa de los representantes que tiene en citas como ésta y de la concordia que reina entre ellos y también con sus rivales. El mejor ejemplo es la media hora posterior al partido ante Suecia. Muestras de apoyo, cánticos, referencias al héroe Villa, todo ello sin protagonistas sobre el campo, con las luces del estadio a punto de apagarse y bajo un aguacero tremendo. Algo espectacular y digno de admiración, sólo cortado por la insistencia de los trabajadores del campo a abandonar el estadio.
La fiesta esta vez será en Salzburgo. Atrás quedan los Alpes nevados con los que sorprendía Innsbruck y la preciosa plaza en la que se celebraron las dos victorias. Aún así, la fiesta promete ser igual. No hay en juego más que el orgullo de vencer un partido más en la Eurocopa y se avecinan suplentes en el equipo titular. Pero eso a la afición le da igual. Desde bien pronto, pese a que el partido es a las 20:45, se podrá ver el color rojo por las calles de Salzburgo. Un buen desayuno y un típico perrito caliente ayudan a saber llevar el día, que por lo demás consiste en bailar, cantar, animar a la Selección y probar las ricas cervezas de la zona. Si luego eso se acompaña con una victoria española, como por suerte está siendo en este caso, no importa el dinero gastado, ni los kilómetros recorridos. Seguro que todo esfuerzo mereció la pena.



