Invierten el curso de la historia

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Con el título honorífico de campeonas de invierno, las chicas del Espanyol femenino están comenzando a percatarse de que es una realidad aquello por lo que apostaron hace unos meses. El club varió su política para este área, y los objetivos mediocres de los años últimos se convirtieron en el sueño de la Superliga, cuya primera meta volante acaban de cruzar. Ustedes se preguntarán qué ha cambiado para que el liderato sea una realidad. Pues, como en aquellas fábulas que rara vez se mutan en reales, funciona aquello del esfuerzo, de la labor casi de voluntariado y de la ilusión. Las españolistas, igual que en tantos otros equipos femeninos (la paridad no vale para el fútbol), apenas reciben plusvalías por sus excelentes resultados, como tampoco sin ellos.
En lo deportivo, el verano sirvió para incorporar a Adriana, una delantera que procedía del Barcelona de Marigol y se acopló pronto a un Espanyol sin extranjeras y sí con mucha cantera (Marta Torrejón, por ejemplo, tiene 15 años y no juega ya con la Absoluta sólo por edad). Por contra, salió obligada a Can Barça la que fuera gran capitana, Raquel Cabezón. Y, precisamente, esa rivalidad Espanyol-Barça tiene en el fútbol femenino su lado más amable para los pericos. Aquí las blanquiazules no viven a la sombra del gigante culé, sino que lo superan con creces. Lo que demuestra que cuando se trabaja en igualdad de condiciones (e incluso con cierta inferioridad financiera) lo que se impone es la entrega de verdad... la de los colores, no la del dinero.



