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Alzhéimer y COVID-19: así afecta la pandemia a las "víctimas olvidadas"

La situación generada por la irrupción del SARS-CoV-2 ha provocado que diversos colectivos ya de por sí vulnerables hayan visto mermada todavía más su calidad de vida y agravada su situación.

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Carlos Ortega EFE

Hoy, 21 de septiembre, se conmemora el Día Mundial del Alzheimer, una enfermedad neurológica que constituye la primera causa de discapacidad y que, en todo el mundo, afecta a más de 40 millones de personas. En España, y según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), actualmente la padecen unas 800.000 personas y es, además, el tipo de demencia neurodegenerativa más común.

Por desgracia, la edad es el principal factor de riesgo para desarrollar esta enfermedad, y debido a la mayor esperanza de vida de las mujeres, actualmente su prevalencia es tres veces mayor en mujeres que en hombres. Además, se prevé que el número de afectados de ambos sexos aumente considerablemente en los próximos años como consecuencia del envejecimiento de la población.

Pero no solo la edad es factor de riesgo. También influyen otros factores modificables como la hipertensión arterial, la hipercolesterolemia, la obesidad, el sedentarismo, el tabaquismo o la diabetes por lo que es posible fomentar estrategias de prevención que podrían ayudar a reducir el número de casos que se producen cada año.

Cómo ha influido la pandemia

En cualquier caso, lo cierto es que la crisis generada por la COVID-19 ha empeorado la situación de algunos pacientes que han sufrido más episodios de apatía, agitación o agresividad, y que además están más expuestos al contagio al no comprender la situación ni poder memorizar las medidas higiénico sanitarias. Por ello, según los expertos, los pacientes de esta enfermedad y sus cuidadores son "las víctimas olvidadas" de la pandemia.

  • "El paciente con enfermedad de Alzheimer y su cuidador son las víctimas olvidadas de esta crisis. La dificultad para comprender y recordar las medidas higiénicas (lavado de manos, mascarilla, distancia social, etcétera) aumenta el riesgo de contagio en estos pacientes. De igual forma, cuando una persona con alzhéimer se infecta con COVID-19 es difícil detectar la infección de forma temprana, porque ellos no reconocen los síntomas y tienen dificultad para expresar lo que sienten", ha advertido el jefe de Servicio de Neurología del Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid y patrono de la Fundación Alzheimer España (FAE), David Pérez.
  • "El confinamiento, las restricciones a la movilidad y los cambios de rutina han impactado de forma significativa en toda la población, pero mucho más en las personas con Alzheimer y en sus familias. Las personas con alzhéimer han sufrido una ruptura con la asistencia a los centros de día y asociaciones, y con sus terapias y rutinas, sufriendo una disminución de su actividad social, cognitiva y física.", explica por su parte la presidenta de la Fundación Alzheimer España (FAE), Micheline Selmès.
  • "Esta desconexión ha generado un empeoramiento funcional --a nivel cognitivo y físico-- en las personas con Alzheimer, provocando alteraciones conductuales y psicológicas y acelerando el avance de la enfermedad y su deterioro", concluye la presidenta de FAE.

COVID-19 y deterioro cognitivo

A estos condicionantes se une que, según investigaciones recientes, el principal factor de riesgo genético para desarrollar enfermedad de Alzheimer esporádica (ApoE 4) también predispone a desarrollar una infección por coronavirus más grave. Según un estudio que realizaron en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid, el 30% de los pacientes fallecidos por COVID-19 en su hospital en marzo tenían deterioro cognitivo.