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¡Qué tiempos tan raros vive el Barça!

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Todo es extraño en el Barça de estos días, con Laporta haciendo de monaguillo de Florentino en la cruzada por la Superliga y el equipo entre un sí es no es en busca de un lugar al sol europeo que no termina de encontrar. Agarrado por los pelos al cuarto puesto en LaLiga gracias a la piadosa cortesía del Atlético, ayer se sintió extraño, por hora y por sintonía, en su debut en la Europa League del que salió ni bien ni mal, sino todo lo contrario. De la mano de Xavi, el Barça parece andar entre la oscuridad, tanteando con las manos para no estrellarse contra los muebles o los quicios de las puertas, en busca de la salida a alguna parte.

Mal primer tiempo, con Frenkie de Jong fracasando en el empeño de hacer de Busquets y con Gavi mirando desde fuera mientras todos nos preguntábamos por qué no estaba dentro. El Nápoles, a lo suyo, trajinó el partido con el buen oficio que se le suponía, frenando bien a Adama, el mayor peligro del Barça en los últimos días. Aubameyang no está en forma, es muy visible. Y Ferran Torres anda sin suerte ante el gol. Con poco mando en la media y un ataque tan chato, el Barça se fue al descanso perdiendo porque el Nápoles acertó en una de sus escasas salidas. Nada raro. Hacerle un gol al Barça no es cosa difícil para nadie en estos tiempos.

El roto lo arregló sólo a medias en la segunda parte gracias a un penalti del Nuevo Testamento (o casi ni eso) que transformó Ferran Torres. Ya hace tiempo que renuncié a entender qué es mano y qué no en estos días, pero bien venido sea este penalti que vino a compensar los goles fallados en ocasiones casi tan propicias por el propio Ferran Torres. Y aún hubo tiempo para ver salir a Dembélé en medio de una gran bronca que revirtió en dos arrancadas, y a Luuk de Jong, recibido con una ovación que hace tres meses no hubiéramos imaginado y que agradeció con una chilena que escapó fuera por muy poco. ¡Qué tiempos tan raros vive el Barça!