Este no es el camino para regresar a Primera División

Puede que con el tiempo hasta se pueda llegar a agradecer lo que le pasó al Real Valladolid ayer en Burgos. Si la sonrojante derrota sirve para que se corrijan los errores, para darse cuenta de lo que se va a encontrar en conjunto de Pacheta en cada partido y para que el técnico defina si le merece la pena o no seguir con este sistema, daremos por bueno el repaso recibido por los de Julián Calero. Después de cuatro jornadas se puede llegar a la conclusión de que el Real Valladolid tiene una gran plantilla, pero todavía no ha conseguido tener un gran equipo. Ese es el principal objetivo que debe tener un técnico en el que todos confiamos, pero que ayer no tuvo su mejor tarde. El baño táctico de Calero a Pacheta fue memorable y por eso la cosa acabó tres a cero. Los pucelanos mantuvieron el tipo solo 20 minutos. A partir de ahí la presión y la movilidad de los hombres de arriba del Burgos destrozó el castillo de naipes blanquivioleta, bueno, más que blanquivioleta casi azulón, lo digo por el tono de la equipación que lucieron los pucelanos. Un penalti tonto, un segundo gol cuando estaba Javi Sánchez siendo atendido y un tercer tanto de habilidad burgalesa sin oposición vallisoletana acabaron con un partido que no tuvo historia. Decepcionó la escasa capacidad para variar el rumbo que tuvo Pacheta. Sí, hizo cuatro cambios, pero no varió el dibujo ni mejoraron las cosas. Lo de jugar con cuatro y dos delanteros no se le ocurrió. Tan solo dejó dos centrales en los últimos minutos cuando ya no había nada que hacer.

Y relatado y contado todo lo que pasó en El Plantío, ha llegado el momento de espabilar y demostrar lo que puede dar de sí este Valladolid. Hay jugadores que ayer se ganaron caerse del once inicial. Por señalar sólo a dos, Yanko, con el que parece que no va la cosa, estuvo pasota y desbordado. Alcaraz, de central, como pollo sin cabeza. Podríamos seguir, pero creo que no es necesario. Fue todo muy evidente para todos, incluido Ronaldo, que lo presenció desde el palco.

Si alguien del Real Valladolid ha pensado que se va a ascender con el nombre, lo lleva claro. En Segunda cada partido es una batalla y hay que igualar, al menos, la intensidad del rival y jugar bien al fútbol. Ante el Burgos no se hizo ni lo uno ni lo otro. Pero más allá del enfado y la decepción sufrida, no creo que sea momento de poner en duda nada. Ni el proyecto, ni la calidad de la plantilla ni la capacidad del entrenador. Todos los equipos, siempre, tienen un muy mal día y no pasa de ahí. Nos apuntamos a ello, a que el Real Valladolid tuvo su partido tonto del año que le puede servir de revulsivo para espabilar. El domingo ante el Tenerife llega el momento de demostrar que ha sido así y de compensar a una afición que espera todo lo mejor de esta temporada.