Cerolímites

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Autor: Eduardo Salete
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Los beneficios económicos y ecológicos del Surf

Gracias a su inclusión en los JJ OO de Tokio, en el 2026 el mercado del surf facturará 2,63 mil millones de euros.

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Los beneficios económicos y ecológicos del Surf
LISI NIESNER REUTERS

El Palmar es una playa atlántica en el gaditano municipio de Vejer de la Frontera. Cuatro kilómetros de fina arena orlada por una fila interminable de negocios de restauración y escuelas de surf y un mar pintado por las tablas de cientos de surfistas, al menos en los meses de verano. Durante el estío las condiciones de las olas son las idóneas para iniciarse en el deporte del surf, y miles de personas se animan a probar con la tabla blanda. De octubre a abril es cuando las olas más serias rompen y el Palmar se convierte en referencia para los surfistas más experimentados. Basta un garbeo por el pintoresco paseo marítimo del Palmar para darse cuenta que los ingresos que genera el surf son importantes, tanto para la pedanía en la que viven todo el año un millar de personas, como para el propio ayuntamiento de Vejer. Aunque no he conseguido averiguar el dato en concreto.

Eduardo Salete Jr, 7 años, supera una ola durante su curso de surf en la escuela 9 Pies de El Palmar.

Sí sé, por ejemplo, que la ola de Mundaca generó en el 2008 entre 1 y 4 millones de euros. El estudio económico fue realizado por la Universidad Autónoma de Madrid con la herramienta “Surfonomics” de la organización Save The Waves. No cabe duda que hoy en día la rompiente vizcaína genera bastante más, si extrapolamos el caso de Mavericks.

Hace una década se realizó el primer estudio económico sobre el valor de uno de los spots más míticos de California, Mavericks, una rompiente con olas que pueden alcanzar los 9 metros y tristemente famosa por ser el lugar donde el surfista Hawaiano Mark Foo perdió la vida. A pesar de su fama, en 1990 Mavericks era conocida solo por un puñado de surfistas locales, pero solo 20 años después, en el 2009, la organización Save The Wave con su herramienta Surfonomics calculó que la rompiente generaba al año más de 20,4 millones de euros en la industria turística de la zona.

Desde entonces Surfonomics se ha aplicado a un sin fin de destinos de Surf alrededor del mundo, incluidos Mundaka en España, citada anteriormente, o Uluwatu en Indonesia, en la que la organización Project Clean Uluwatu descubrió en el 2014 que los 240,000 visitantes anuales de esta rompiente se dejan la friolera de 31 millones de euros al año.

 El Auge Olímpico

El Comité Olimpico Internacional incluyó en los J.J. O.O. de Tokio deportes como la escalada, el skate o el surf para captar al espectador milenial, y por lo visto ha sido todo un acierto. Un informe publicado en julio de este año por Global Industry Analysts, la principal empresa de investigación de mercado, pronostica que en el 2026 el sector del surf moverá 2,63 mil millones de euros con una tasa de crecimiento anual del 2,6 %, donde el grueso del público se concentrará en los millennials y el principal interés serán los nuevos diseños de tablas, equipos accesorios y la ropa de estilo de vida surfera, además de los destinos de surf. Todo un nuevo océano azul para nuevos inversores y emprendedores.

 No solo euros

Aunque es cierto que cada vez hay más parques de surf con olas artificiales, la actividad de surf va unida a la calidad medioambiental de los puntos donde se practica irremediablemente. Las olas “perfectas” son fenómenos oceanográficos asociados al fondo y al entorno marino. Si se quiere conservar una ola, y la industria del surf que soporta, se debe conservar su ecosistema.

En el norte de Perú se encuentra Lobitos, un pueblo costero con siete olas que son el orgullo del país andino. Tanto, que en el 2014, el parlamento aprobó la Ley de Rompientes nacional con la que se otorga protección legal de las olas, restringiendo actividades pesqueras e infraestructuras de exploración de gas y petróleo que en Lobitos pudiese amenazar a su septeto fantástico. Fue el primer país del mundo en afirmar que las olas son un recurso natural y nacional.

En España, el ayuntamiento de Ribamontán al Mar, en cuyo término se encuentra la mítica playa de Somo, cuna del surf patrio, declaró sus playas como Reserva Integral del Surf, para proteger el paisaje, el medioambiente y la cultura del surf. “Sabemos que no tiene vinculación legal. Es una simple declaración de intenciones. Que proteger las olas es algo intangible difícil de concebir. Pero esperamos que con esta acción desde el Ministerio de Medioambiente se ponga en valor la importancia cultural, económica y sobre todo medioambiental de las rompientes de surf”, declaró Francisco Asón, alcalde de Ribamontán, en el 2019.

Vista aérea de la playa del Palmar desde la playa de la Mangueta.

Y es que el surf es bastante más que un deporte. Me atrevería a decir que a la mayoría de sus practicantes poco le importa el lado competitivo de la actividad y sí la experiencia en el mar. Para el escritor Thad Ziolkowski, el surf es una adicción tan fuerte como cualquier otra droga dura. En su libro “The Drop” se puede leer "La libertad del surf es el cautiverio oceánico. La primera ola, la que crea al surfista, es la esclavitud ". Probablemente sea una forma áspera, al más puro estilo Bukowski, de describir el estado mental de un surfista que disfruta con el fluir sumergido en la naturaleza, de manera tan intensa que le conduce a la felicidad y el desarrollo personal, o eso me gusta pensar a mí. A los surfistas no solo les importa la calidad de la ola, quieren experimentar el trepidante subidón de adrenalina en la naturaleza más prístina posible.

No todo lo que aporta el surf puede ser cuantificado en euros, o no tan fácilmente. Hay aspectos cualitativos y positivos fácilmente reconocibles, como el aumento de la salud, el concepto de comunidad, la preocupación por el medioambiente o la visión de la vida desde otro punto de vista alejado del estrés, que aportan valor más allá de las tablas de Excel.

 Es por eso por lo que Surfonomics sigue madurando y afinando para poder evaluar el capital natural y cultural de forma más acertada, sin olvidar los costes y los impactos negativos de la industria del surf como las emisiones de carbono en los largos viajes, la fabricación de equipación o la presión sobre arrecifes o selvas costeras vírgenes del turismo de la tabla.

Para la organización Save The Wave la cuenta de resultados de la actividad del surf tiene un impacto medioambiental en el planeta netamente positivo. Se podría decir que practicar surf y proteger el ecosistema marino están estrechamente unidos. Yo añadiría que practicar surf mejora tu salud, abre nuevos estados mentales y, según el último informe Global Industry Analysts, ofrece una oportunidad de ganar algo de dinero... al menos hasta el 2026.