Simeone, mejor fichaje siempre

Llegó como un regalo, aquella Navidad de 2011, para convertirse desde entonces en el mejor fichaje del Atlético. Año tras año, verano tras verano, parafraseando ese 'partido a partido' que no inventó él pero al que podría poner royalties. Diego Pablo Simeone. Ese entrenador que, en los días de frío severo en el Calderón, pedía la hinchada repitiendo su apellido como un mantra, bajito, sempiterno. "Ole, ole, ole". Necesitaba el Atleti carácter, garra, jugar cada pelota con esa frase en la cabeza. El 'a morir los míos mueren'. También suya. Puede que ninguna le defina mejor.

Nueve años, seis meses y 26 días después, coge de la mano a Luis en la historia, por partidos, victorias, títulos. Los otros entrenadores entran y salen de los banquillos, él sigue y sigue, a lo Ferguson. La Champions dejó de ser una excepción para hacerse una rutina. Ganar al Madrid 14 años después. Dos Ligas. Hizo que aquel Atleti de Gabi, de Tiago, Godín y Raúl García volviera a Neptuno a celebrar una 18 años después del doblete. Siete años más tarde ahí estaba de nuevo el de Koke. Con rigor alemán y pasión argentina, dirige. A veces 'con bronca', cuando le arrojan el 'defensivo' a la cara como un insulto, los que miran su obra con el estómago lleno, olvidando que con él quedaron atrás el frío y el hambre, que él volvió a ganar. Y tiene más apetito (Liga), espinas clavadas (Champions). Y otra frase: "El esfuerzo es la magia que transforma los éxitos en realidad".