Mucha Copa y poca fiesta

"Joder, macho, es que no parece que va a ser la Copa”, le dijo recientemente un paisano de Vitoria a su amigo Pablo Laso. Y en la capital alavesa saben muy bien lo que es la Copa, porque el Baskonia puede presumir de una de las mejores aficiones de España, quizá la mejor, siempre fiel al torneo. El año pasado no se clasificó y bien que se notó en Málaga, aunque los seguidores del resto de equipos tampoco defraudaron. La Copa del Rey es una fiesta. Ese será el primer impacto que recibiremos este jueves en la fase final de Madrid, la falta de colorido en las gradas y en las calles. Por desgracia, la pandemia ya nos tiene acostumbrados a ese gélido ambiente, al sonido de fondo de jugadores, que antes no escuchábamos. Pero la Copa es la Copa. Y por mucho hábito que tengamos, nos sentiremos extraños.

El propio Laso será uno de los grandes protagonistas en el arranque, porque del primer cruce saldrá, gane o pierda ante el Valencia, como el técnico con más partidos en la historia del Real Madrid: 735, uno más que Lolo Sainz. La mejor celebración sería seguir avanzando hasta la final del domingo, que bien podría ser un Clásico, para intentar alzar su 21º título en diez años, que también sería su séptima Copa. La guinda de un Madrid-Barça vendría cargada de morbo, más allá de la eterna rivalidad de ambos, porque se presentaría como la reedición de la final del Instant Replay, hace dos cursos, aunque sin aquella subida de decibelios del público en la grada, el mismo griterío que ensordeció a Nikola Mirotic en su retorno al WiZink Center. Los pronósticos, sin embargo, no apuntan a una coronación de Laso ni a una venganza de aquella derrota. Al revés, la encuesta de la ACB da ganador al Barça y MVP a Mirotic. “Me da igual, para mí el favorito siempre es el Madrid”, dice el vitoriano. Y sus 20 títulos le avalan. Esto es la Copa, aunque no haya fiesta. Y la magia se escribe en la cancha.