Cerolímites

El blog del deporte Outdoor, los Viajes de Aventuras y el estilo de Vida Activo.

Autor: Eduardo Salete
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Cero Límites

¿Tienes un trastorno mental por practicar deportes outdoor?

Para los psicólogos "la probabilidad de alteración afectiva o diátesis es mucho mayor en el grupo de deportistas extremos".

¿Tienes un trastorno mental por practicar deportes outdoor?

¿Qué motivo lleva a una persona a escalar el K2 en invierno, a bucear con tiburones blancos fuera de la jaula, o a surfear olas de 25 metros? ¿La gloria, la fortuna, el postureo, el veneno de Instagram, la inconsciencia, todo lo anterior? La mayor parte de la gente asegurará que hay mucha irresponsabilidad en practicar deportes outdoor, y algunos psicólogos que los que más arriesgan es posible que sufran de trastornos mentales. Para Claudio Coelho lo realmente peligroso es la rutina diaria.

Sin embargo, yo creo que debemos buscar la razón en nuestra propia naturaleza como especie. Hace miles de años, cuando el hombre no era más que otro animal dentro del ecosistema, y no precisamente en el pináculo de la pirámide trófica, que se organizaba en grupos de recolectores-cazadores, el riesgo era una constante para sobrevivir. Si una partida de cazadores se encontraba con un mamut, el más osado podría plantarse delante del mastodonte, aventurarse a ser pisoteado o embestido por el formidable animal, y derribarlo de una certera lanzada en el ojo (supongo que se haría así, más o menos). El subidón de adrenalina, dopamina y endorfina que experimentaría el cazador sería brutal, se giraría hacia sus compañeros de tribu y lanzaría el grito de la victoria. Quizá por esquivar a la muerte, quizá por la sensación de dominar la naturaleza o, a lo mejor, por convertirse en el mejor cazador de la tribu. Lo cierto es que la selección natural favoreció que nuestros abuelos prehistóricos fuesen intrépidos. Estos ejemplares no solo fueron recompensados con sensaciones agradables al arriesgarse, ni por obtener comida por largos periodos de tiempo, también eran los elegidos por las mujeres de la tribu, facilitando así la transmisión de sus genes a las siguientes generaciones. Arriesgarse es un factor genético que empujó a la humanidad a salvar desiertos, cruzar mares y explorar regiones árticas. La empujó hacia el éxito de hoy en día.

¿Esto implica que los temerarios deportistas amen el riesgo? No lo creo, al menos en su mayoría. No creo que los alpinistas salgan a la montaña diciendo “¡qué maravilla me puedo estampar contra las rocas barranco abajo!” o que los buceadores se sumerjan pensando “dos metros más y aumento la probabilidad de narcosis por nitrógeno un 45 %, ¡genial!”. Nadie, o casi nadie, quiere morir ni hacerse daño. El riesgo en los deportes de aventura es un factor pero no la razón para practicarlos. El contacto con la naturaleza y la armonía entre nuestra condición genética y nuestras acciones si lo es. Cuando un deportista está ahí fuera experimenta la alegría de su verdadera índole.

Esto es evidente en la naturaleza. Las cebras se acercan a beber al río, a pesar de la presencia de cocodrilos, para no morir de sed. Y los leones derriban búfalos para comer a riesgo de ser corneados o de recibir una coz que les fracture la mandíbula, que es lo mismo que una condena de muerte para el felino. Nadie pensaría que cebras o leones son amantes del riesgo, sino de seguir vivos. Sería lógico pensar que las cebras prefieren una vida sin cocodrilos, sin temer que ningún animal les pueda devorar y que los leones escogerían estar tumbados a la sombra esperando que alguien les traiga la carne fresca. Pero luego en el zoo, donde estos animales “han conseguido” llevar una vida con cero riesgos y “todas las comodidades”, se les ve deprimidos, poco lustrosos, decaídos y poco interesados por comer o reproducirse. Todo lo contrario que sus congéneres libres, y expuestos a todo tipo de peligros, en mitad del Parque Gran Limpopo de África.

El autor buceando con tiburones limón en Moorea. En contra de la creencia popular, los submarinistas son los que menos incidentes sufren con tiburones.

El riesgo de morir durante una ruta de senderismo en la montaña es 1/15.700 y el de morir mientras se trabaja con el ordenador en la seguridad de casa es de 1/100 millones. Para la sociedad el comportamiento normal es el de quedarse en casa, el que busca la seguridad, que se enfatiza como una necesidad primaria e innata. Sin embargo, estudios recientes del Hospital Universitario Chonnam Hwasun sugieren que los trabajadores de oficina sufren niveles de ansiedad y depresión mucho mayores que los trabajadores al aire libre y un estudio del Hospital de Zhejiang, China, encontró que los niveles de inflamación (asociada a un extenso abanico de enfermedades como inmunodeficiencia, inflamación intestinal, depresión y cáncer) se reducían con un simple trekking por la naturaleza, incluso en pacientes mayores bastaba un simple fin de semana. Deje de trabajar en la oficina y practique una actividad outdoor 6500 veces más peligrosa y no solo mejorará su salud, también su felicidad ¿Quién es el loco ahora?

Claro que un simple trekking no es ascender por el K2 en pleno invierno. El montañismo en el Himalaya por encima de los 6000 metros es la actividad que más riesgo conlleva en la montaña: 12 muertos por cada 100 montañeros. Y por supuesto no todos tenemos la misma predisposición genética a tolerar el alto nivel de riesgo, y experimentar sensaciones que reafirmen la vida en actividades muy peligrosas. Es lo que tiene la variabilidad genética.

Por ejemplo, yo no aprecio mucho el riesgo en mis actividades outdoor. Lo reduzco a la mínima expresión e intento no morder más de lo que puedo tragar. Seguramente mi abuelo prehistórico no arriesgaba mucho, tiraría pedradas al mamut ya derribado desde una distancia prudencial o sería solo recolector de manzanas silvestres, pero si heredé de aquel primitivo humano el amor por contactar con la naturaleza. Para mi es más importante sumergirme en la vida salvaje que alcanzar retos. Si me diesen a elegir entre batir las plusmarcas montañeras en el Himalaya de Kilian Jornet, con todo el respeto y admiración que tengo por este superdeportista, o poder tener un encuentro con un leopardo de las nieves, elegiría lo segundo. Lo que en ningún caso quiere decir que Kilian esté más majareta que yo... ni viceversa.

Hiking por el Glaciar Aletsch (Suiza)

La asunción de riesgo viene marcada por distintos motivos, aparte de la dotación genética y las recompensas hormonales. En el caso de Kilian Jornet y los profesionales que escalan el K2, por ejemplo, está la pericia técnica, la fortaleza física y el conocimiento del terreno conseguidos con miles de horas de entrenamiento y preparación para enfrentarse a estos titánicos retos. El riesgo en el Himalaya por encima de los 6000 metros es alto, pero no es asumido por locos, sino por profesionales muy preparados.

Otro motivo para correr riesgos es la ignorancia. Factor a tener en cuenta, porque juega en muchas de las actividades outdoor que se practican hoy en día. Y esta engloba tanto a los que suben en pleno invierno a la sierra madrileña equipados con playeras, vaqueros y chaquetas de chándal, y luego deben ser rescatados de la hipotermia, como a instagramers que intenta hacerse un selfie espectacular y acaban lamentablemente mal (en 2018 se registraron 259 muertes desde el 2011). Aunque también afecta a profesionales de los deportes extremos como el ciclista de BMX TJ Lavin, que declaró “No tenía ni idea que nos pudiésemos golpear de esta forma después de romperse las dos piernas mientras participaba en los X-Games. En realidad, el que más o el que menos ha caído en esta categoría “atrevimiento/ignorancia” en algún momento de su vida. Yo desde luego sí.

Y el último motivo es el que hace elevar una ceja a los psicólogos, y poner los pelos como escarpias a la mayoría de las personas. En el Sedona, Arizona, existe lo que se conoce como el White Line Trail, que no es más que un sedimento blanco que recorre una estrechísima cornisa colgando sobre acantilados de roca, para algunos, el Trail de MTB más peligroso del mundo. No se puede considerar ni siquiera un single trail para la bici de montaña, como mucho un camino de cabras montés y, sin embargo, es recorrido cada año por decenas de riders. Un resbalón de la rueda, un golpe de viento, un frenazo mal calculado y caes al vacío. Uno de los ciclistas que lo completó lo definió como “la experiencia más terrorífica que he tenido en la vida”.

Parecería que hay que tener un problema mental para querer recorrer el White Line Trail, para los psicólogos existe una alta probabilidad de que se padezca, pero eso sigue siendo una percepción subjetiva del riesgo. Aquí entra el juego la probabilidad. Nadie duda, por ejemplo, que el esquiador freeski Aymar Navarro se enfrenta a enormes riesgos cuando se lanza ladera abajo por canales estrechos orlados de rocas puntiagudas, salvando caídas de decenas de metros y expuesto siempre a posibles avalanchas. Pero debido a su preparación física y su excelente técnica, además del detallado estudio de la ruta del descenso y las condiciones climáticas, es más probable que sufra un accidente la mayoría de los esquiadores que bajan por pistas rojas en una estación cualquiera de esquí que Aymar en sus retos (en el video de arriba Aymar escapa de una avalancha)

Sin embargo, muchos psicólogos piensan que los límites atraen a personas que pueden tener un trastorno de la personalidad y que “la probabilidad de alteración afectiva o diátesis es mucho mayor en el grupo de deportistas extremos” (Psychiatric Aspects of Extreme Sports). Desde luego se pueden encontrar casos que rozan el suicidio, incluso entre los más famosos deportistas como Fred Beckey, alpinista que abrió la mayoría de las vías de escalada en los EE. UU., autor de 13 libros, pero que en su vida personal vivió como un ermitaño antisocial. O Dean Potter, uno de los pioneros del salto BASE conocido como el “mago oscuro”, que declaró a los medios “Jugar con la muerte sienta tan bien”. Potter sufrió una infancia muy difícil y tuvo visiones donde se veía a sí mismo como un cuervo chamánico. Se comportaba de forma egocéntrica, impulsiva y en 2015 murió durante un salto ilegal mientras intentaba rebasar una grieta con su traje de vuelo en el Parque Nacional de Yosemite.

Para los psicólogos, los deportistas extremos experimentan sensaciones motivadoras integrales como la de “conquistar el "deseo de muerte" (impulso de Tanatos), superar el miedo paralizante y buscar una transformación o la de “deseos de vida” (impulso Eros). Y se pueden distinguir entre “impulsivos de alto riesgo” y los “expertos, pioneros y avanzados”. Los segundos han desarrollado un sentido común “para manejar la frustración asociada con la gratificación diferida y han aprendido a canalizar en lugar de ser controlados por su impulsividad”. En otras palabras, aquellos que no sufren un trastorno pueden analizar fríamente una situación y abortar la actividad si la consideran peligrosa más allá de cualquier control, mientras que los que tienen un trastorno serán presa de sus impulsos y seguirán con la actividad sin importar las condiciones.

Para mí es mucho más sencillo. Los deportistas outdoor no somos más que primates, adulterados por la civilización, que volvemos a conectar con nuestra naturaleza cuando salimos ahí fuera, y eso nos hace sentir vivos. Y sí, algunos estamos majaretas, pero... ¿existe acaso alguna comunidad que no cuente con locos entre sus feligreses? De hecho... ¿No lo estamos todos un poco?

Probabilidad de que estés como una regadera según el deporte que practiques (de más a menos)

El autor nadando en aguas abiertas.

  1. Salto Base. El deporte más peligroso con 1 muerte por cada 60 practicantes.
  2. Montañismo en el Himalaya por encima de los 6000 m. 12 muertes por cada 100
  3. Escalada en Nepal. 1 por cada 167
  4. Ala delta. 1 por cada 560
  5. Escalada en roca. 1 por cada 1750
  6. Piragüismo. 1 por cada 10.000
  7. Senderismo en la montaña. 1 por cada 15.700
  8. Submarinismo. 1 por cada 34.400
  9. Paracaidismo. 1 por cada 101.083
  10. Ciclismo. 1 por cada 140.845
  11. Natación aguas abiertas. 1 por cada 1 millón
  12. Running. 1 por cada 1 millón
  13. Esquí. 1 por cada 1,4 millones
  14. Snowboard. 1 por cada 2,2 millones

Fuente tentongravity.com