Las emociones incomparables de la Copa

Las emociones de la Copa no tienen igual, sobre todo con este formato, que no da lugar a revancha. Un fútbol así puede ser visto antieconómico por muchos, ya que no es raro que apee de la competición a algunos de los participantes de mejor cartel, pero contiene tanta verdad que compensa largamente. Ayer tuvimos dos muestras de ello en sendos partidos resueltos en prórroga, y de qué manera. El Levante pasó en el último suspiro de la misma, con gol del bendecido Roger. El Barça, que perdía en el 88' por 2-0, logró alcanzarla culminando con dos goles un esfuerzo supremo, cuando se lanzó arriba desencadenado, colocado en 3-3-4, con desesperación de náufrago.

El Levante no había llegado nunca a estas alturas. Reclama su 'Campeonato de la España Libre', que no está homologado porque en él no participaron más que equipos de la franja mediterránea. Así que esta semifinal es su techo histórico, ganado en buena ley a un rival regional de gran categoría y en un trance inolvidable. Un partido superior que sirvió de pórtico a lo que vendría luego: ese cuerpo a cuerpo entre el Granada y el Barça, resuelto a favor de éste en una prórroga tremenda, que alcanzó cuando ya se le veía ahogado. El Barça luchó por la Copa como se lucha por la misma vida. Estrellas del fútbol con la ilusión de principiantes en busca de la gloria.

Un partido realmente hermoso que habrá compensado a Koeman de tantos disgustos que le está dando este Barça con sus cosas propias y las ajenas. Se le ve calmado en el ojo de ese huracán, los contratiempos que se le presentan en cualquiera de sus formas: enfado de Messi, dimisión del presidente, retraso de elecciones, fallos defensivos cómicos, prórrogas inoportunas, penaltis fallados, imposibilidad de fichar, contrato de Messi, postes… Muchos postes. Ayer perdí la cuenta. Pero tiene al equipo de su mano, eso se nota por la convicción con que fueron arriba una y otra vez, derrochando excelencia y esfuerzo hasta asegurar la semifinal con un 3-5 legendario.