Luis Suárez no estará frente a Messi

El partido gordo de la semana, ese Atlético-Barça que esperamos todos con impaciencia para mañana, ha sufrido una baja seria por Covid-19: Luis Suárez. Su presencia era esencial tanto por razones estrictamente futbolísticas como por el inevitable morbo que hubiera producido verle frente a frente ante los hasta hace poco suyos, en especial ante su amigo del alma, Messi. Pero él, lo mismo que su compañero Torreira, vuelven contagiados tras estos días con su selección. Días a los que pertenece una señalada foto del grupo de seleccionados charrúas, reunido en fraternales amor y compañía, disfrutando de sus mates y de un asado.

No hay por qué dictaminar que el contagio se produjo en esa escena. Pudo ser en cualquier momento. Y no es cosa de Uruguay, es cosa de todos. En las selecciones la burbuja es menos cuidadosa que en los clubes, o directamente no existe. Ya hemos visto a Mbappé y Cristiano contagiarse en viajes con su selección. En las selecciones es tradición de siempre que la disciplina se relaje algo, aparte de que se mezclan jugadores procedentes de diferentes ligas, hay viajes en avión menos cuidadosos, en el hotel se reciben visitas de familiares o viejos camaradas. Cada corte de FIFA es una oportunidad para que el coronavirus asalte al fútbol.

Una pena lo de Luis Suárez. No hace poco Simeone explicó que su llegada ha cambiado el juego del equipo, porque “hay que alimentarle más arriba”. La afición celebró este nuevo Atlético, más atacante, como se venía demandando. Una gran noticia justo ahora que LaLiga ha pasado a ser la de menos goles de las cinco grandes por una suma de causas entre las que está la cantidad de entrenadores que han seguido la vieja línea Simeone: esperar y castigar el error del otro. Veinte años atrás, los partidos entre el Atlético y el Barça llegaban cargados de goles. Representaban la abolición de la pizarra. El del sábado lo esperaba yo así, pero ya no sé...