Mentalidad Imparable

Claves para entrenar una mente ganadora.

Autor: Mónica Pascual
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Mónica Pascual

MENTALIDAD IMPARABLE

El ‘músculo’ que dejó fuera a Djokovic de la final frente a Nadal

Por encima de su potencial físico, la capacidad de foco y atención en el juego es el elemento que le brindó la victoria a Nadal. ¿Cómo la trabaja?

El ‘músculo’ que dejó fuera a Djokovic de la final frente a Nadal
Shaun Botterill Getty Images

“En un partido, la batalla más encarnizada que libro es con las voces que resuenan dentro de mi cabeza: quieres silenciarlo todo dentro de la mente, eliminarlo todo menos la competición, quieres concentrar cada átomo de tu ser en el punto que estás jugando. Si he cometido un error en el punto anterior, lo olvido; si se insinúa en el fondo de mi cabeza la idea de la victoria, la reprimo”, Rafa Nadal.

Se estima que en el cuerpo humano hay 639 músculos. En el caso de algunos deportistas, como el autor de la cita que abre este artículo, hay uno que es capaz de moverlos todos. El deportista, flamante ganador de su 13º Roland Garros y su 20º Grand Slam, es Rafa Nadal. El músculo: la mente. Nadal salió ayer a la pista y colocó la mente por delante de todos los demás en un partido en el que nada era como se esperaba. Público, cubierta, incluido un rival, Novak Djokovic, desdibujado e irreconocible. La mente, como una locomotora, fue quien guio todo su potencial hacia la historia de la tierra batida.

Nadal es un deportista inteligente que, con los años, ha aprendido a leer el partido, las dificultades, los estímulos. A leer y dejarlos fuera. Su capacidad de foco y atención en el juego es el elemento que le brinda la victoria. Dar el 100% en cada punto como una estrategia en la que el rival tiene dificultades hasta de entrar en el partido. No es fácil. Hay que entrenar. Hay que saber controlar, o mejor dicho, saber dejar de controlar y solo ‘fluir’ en una cosa: el juego. El aquí y el ahora.

De eso va el mindfulness deportivo. Y eso fue lo que, a finales de los 90, trabajó uno de los entrenadores que más títulos ha conseguido en la NBA y el responsable de la transformación mental de los Chicago Bulls en un momento en el que la confianza en su capacidad física descendía por momentos. A Phil Jackson se le apodó ‘maestro zen’ y no de casualidad. Él fue quien introdujo la meditación mindfulness, entre otras técnicas, como una de las claves para el éxito de un equipo formado por jugadores con tantos éxitos a sus espaldas como vicios y manías.

Fue él quien obligó a Jordan, Rodman y compañía, cuando ya no eran precisamente unos jovencitos, a entrenar en penumbra. Sí, ¡a oscuras! O quien instauró el día del silencio para evitar que estos mismos jugadores se pasarán el entrenamiento ‘de cháchara’. Medidas que completaban un entrenamiento que tenía como principio y fin ‘mover’ un músculo: la mente. Porque sí, también la mente debe ejercitarse y de eso va el mindfulness deportivo.

Es el hilo invisible que, en los últimos 20 años, ha unido a los mejores. Todos los grandes deportistas entrenan cuerpo y entrenan mente. Bajo las órdenes de Jackson, no solo los integrantes de los Chicago Bulls aprendieron a tener un mayor control de su potencial físico, también Pau Gasol, Kobe Bryant o LeBron James. Su alto rendimiento físico, resistencia y potencial ‘descansa’ en una exigente preparación mental a través del mindfulness, un elemento clave en la gestión del estrés y la presión, el Talón de Aquiles de un bien número de deportistas. Aquí podrás conocer cómo gestionan el estrés deportistas como Pau Gasol, Cristiano Ronaldo, LeBron James o Patricia García.

¿Qué es y en qué consiste?

Mindfulness es una palabra inglesa que acostumbra a traducirse como “atención o conciencia plena”. La definición más utilizada es la de Kabat-Zinn, Lipworth y Burney (1985): “conciencia que surge de prestar atención, de forma intencional, a la experiencia tal y como es en el momento presente, sin juzgarla, sin evaluarla y sin reaccionar a ella”. Es la habilidad de prestar atención de manera consciente, con todos nuestros sentidos al momento presente.

La premisa sobre la que trabaja el mindfulness no trata tanto de controlar, sino de aprender a no controlar. Es decir, a practicar la aceptación y entender que todo es pasajero y transitorio. De alguna manera, se introduce un elemento de disrupción. Si el deportista deja de controlar, podrá invertir tiempo y energía en la tarea que le ocupa, y no en lo que sucede alrededor. Su capacidad de foco aumenta y eso repercute en una mejor ejecución y rendimiento.

Sin presión, todo fluye. Sin pasado, todo fluye. Sin futuro, todo fluye. El mindfulness, para que nos entendamos, es como una especie de autopista que conecta cuerpo y mente en el presente. Una disciplina imprescindible para aprender a centrarse en el momento sin depender de lastres del pasado, expectativas del futuro, ni circunstancias ajenas al juego. Los niveles de ansiedad, obviamente, disminuyen.

El mindfulness, en definitiva, despoja al deportista de la presión que genera un nivel de exigencia desmesurado. Lejos de lo que puede parecer, eso conduce al deportista hacia su mejor versión. “Mejor ‘hecho’, que perfecto’, como dijo Mark Zuckerberg. Aunque esa misma regla tenga, en finales como la de ayer, una excepción que todos celebramos y que hacen de Nadal el mejor tenista de todos los tiempos.