Honda no es un motor perdedor

Las dos únicas victorias que se le han escapado este año a Mercedes en el Mundial de Fórmula 1 han sido de coches con motores Honda: en concreto, Max Verstappen con Red Bull en Silverstone y Pierre Gasly con Alpha Tauri en Monza. Ni Renault ni Ferrari, palabras mayores, han logrado hincarle el diente a la marca alemana en 2020. Sólo Honda. El dato es útil para refrescar aquellos recuerdos fosilizados en la desastrosa etapa de Fernando Alonso con McLaren y Honda, cuando las retiradas eran el pan de cada gran premio para el piloto asturiano. En 2018, ya con motor Renault, los resultados tampoco mejoraron demasiado para la escudería británica. Paradójicamente, o no, el McLaren sí comenzó a subir al podio con Carlos Sainz y Lando Norris, y el motor Honda sí cosechó victorias con Red Bull, con Alonso ya fuera de la F1. Los resultados no han acompañado al gigante japonés como había previsto en su regreso a la categoría máxima del automovilismo en 2015, pero tampoco se ajusta a la realidad colgarle la etiqueta de perdedor.

Honda ha sumado cinco victorias, dos poles, ocho vueltas rápidas y 19 podios en 112 carreras en la era híbrida. No es mucho. Pero tampoco está tan mal si lo reducimos a los frutos de los dos últimos años. La empresa asiática ha soltado la bomba: abandonará la Fórmula 1 en diciembre de 2021, justo antes de que en 2022 entre el nuevo reglamento orientado a igualar los monoplazas. Lo hace, oficialmente, por un cambio de política para orientarse a la desaparición del carbono en 2050. Y, seguramente también, cansado de críticas, como aquel lejano "esto es vergonzoso, muy vergonzoso, motor de GP2", que soltó Alonso ante la plana mayor nipona en Suzuka 2015, o del más reciente "este puto motor está caliente, vaya broma" de Verstappen en Italia.