IVÁN MOLERO

En el corredor de la muerte

El Espanyol deambula por el corredor de la muerte, con sentencia firme, a la espera de una llamada del gobernador al alcaide que rara vez llega, y menos si eres culpable.

PAMPLONA, SPAIN - MARCH 08: Roberto Torres of CA Osasuna celebrates after scoring goal during the Liga match between CA Osasuna and RCD Espanyol at El Sadar Stadium on March 08, 2020 in Pamplona, Spain. (Photo by Juan Manuel Serrano Arce/Getty Images)
Juan Manuel Serrano Arce
Iván Molero
Redacción de AS
Llegó al Diario AS como estudiante en prácticas en 2002, y desde que se licenció en Periodismo por Blanquerna, de la Universitat Ramon Llull, se ha especializado en la información del Espanyol, sobre el que también ha co-escrito libros, todo ello atendiendo al seguimiento de otros equipos, deportes y eventos desde la delegación de Barcelona.
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Elige ponerte frente al televisor un soleado mediodía de domingo. O pegarte el madrugón del año para llegar hasta El Sadar. O incluso peor: dedicar el fin de semana entero, con los gastos que conlleva, a un periplo por Pamplona. Y todo, por ver al colista de Primera División. La fe mueve montañas, la de los seguidores del Espanyol sería capaz de cambiar el sentido de la rotación de la Tierra si se lo propusieran. Pero todo tiene un límite. E incluso la esperanza de los pericos, seguramente los seres más capacitados para encontrar una sonrisa en un drama, es finita. En El Sadar, y salvo un magno milagro como el que sucedió en 2009 después de una derrota igual de dolorosa en el mismo estadio, compró el Espanyol lo más parecido a un billete a Segunda. Debía ganar, como en otras tantas ‘finales’ desaprovechadas, y por enésima vez sucedió todo lo contrario.

Desaparecido del once Calleri desde su ‘hat-trick’, a Osasuna (y a otros tantos rivales) le bastó una presión alta para desactivar a un equipo sin argumentos, fiado a RdT como si fuera una divinidad, con Darder perdido entre pivotes defensivos y balones largos a la nada. Y así, hasta que igual que cada semana llegó un grosero error, para que se avanzase el adversario. Una pena máxima en sentido literal. Y la expulsión, esta vez de Diego López. El Espanyol deambula por el corredor de la muerte, con sentencia firme, a la espera de una llamada del gobernador al alcaide que rara vez llega, y menos si eres culpable.

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