Casillas y Rubiales se van a hacer daño

Los cuchillos ya vuelan. Tan evidente es que en una votación popular, Iker arrasaría al actual presidente, como que en unas elecciones asamblearias, tiene prácticamente imposible alcanzar el sillón presidencial de la Federación. Nada más anunciar su candidatura, las maniobras orquestales en la oscuridad han comenzado a sucederse. Ramón Barba, uno de los abogados deportivos más reputados del mundo, fue fulminado en el Consejo Superior de Deportes. La Federación de Rubiales ya presionó sin éxito para que esto ocurriera en tiempos de María José Rienda, pero ha sido con la llegada de Irene Lozano a la Secretaría de Estado cuando se ha tomado la decisión, enmascarada en la formación del nuevo equipo. El trasfondo no es otro que el adelanto de la fecha de las elecciones, que favorecería a Rubiales. Casillas y su equipo preferirían que se celebrasen después de los Juegos Olímpicos de Tokio.

En clave política. Lo peor que ha hecho Rubiales desde su llegada a la presidencia de la Federación ha sido entender que sólo podía avanzar destruyendo. También hay que reconocer que ha hecho cosas bien, como el formato de la Copa del Rey, pero hay maneras de llegar al consenso o de alcanzar los objetivos sin necesidad de llevarse por delante a los que disienten, incluso atacando reputaciones o con medias verdades. Sólo así se entiende su enfrentamiento al unísono con LaLiga, la AFE, el fútbol sala y el fútbol femenino, por no hablar de la lamentable gestión del banquillo de la Selección desde su llegada.

Hombrados y Rafa Pascual. En los mentideros político-deportivos ha sorprendido que Iker haya dado el paso tan pronto. Se hace un paralelismo con los casos de Joseja Hombrados y de Rafa Pascual, dos leyendas del balonmano y del voleibol, que también quisieron pasar de deportistas a presidentes y cayeron derrotados en sendos comicios. En las territoriales se suele castigar al que no se ha curtido en la gestión desde la base. Caso distinto es el de Jorge Garbajosa, en la Federación de Baloncesto, donde trabajó durante cuatro años hasta ganar las elecciones en 2016.

Presentarse para perder. El perfil de Casillas no parece el del candidato que se presenta para no ganar y aprender para los siguientes comicios. En su candidatura confían en su carisma y en toda la munición que tienen contra Rubiales. Aunque siempre haya sido un virtuoso en los mano a mano, será la primera vez que lo tenga que dirimir con guantes de boxeo. Va a tener que aprender a dar o a encajar en tiempo récord y el equipo de Rubiales no mide.