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El nuevo atletismo después de Usain Bolt

Las sombras son algunas veces tan alargadas que tapan por completo las luces. Son esas lágrimas, en este caso en forma de críticas, que no dejan ver las estrellas. Las altas temperaturas en las carreras de ruta, que ya obligaron de antemano a ubicarlas en un atípico horario nocturno, y el insistente vacío en las gradas del Khalifa, que sí se abarrotaron con 42.180 espectadores en un viernes mágico para alentar al ídolo Barshim, cubrieron con una espesa niebla las fantásticas historias que sucedieron durante diez días en los Mundiales de Doha.

La competición deparó tres récords del mundo absolutos y uno de categoría sub-20, seis topes de los Campeonatos, otros 21 continentales, 87 nacionales, y 23 plusmarcas del año. Unos registros que aclaran la duda previa sobre las fechas de octubre. Con estos datos en ristre, Sebastian Coe ha calificado los Mundiales como “los mejores de siempre en calidad y profundidad”. Los nuevos materiales y el microclima creado en el estadio por el aire acondicionado son dos explicaciones... Además de la frescura de las nuevas generaciones.

El primer Mundial tras la era de Usain Bolt encaraba el reto de llenar el agujero de su estrella más icónica. Al no depender de un solo nombre, el nuevo atletismo ha proyectado una constelación. Noah Lyles (22 años) y Niklas Kaul (21) se convirtieron en los más jóvenes en ganar en 200 y decatlón; Chris Coleman (23) reinó en los 100 con 9.76; Salwa Eid Naser (21) lideró unos fantásticos 400 con la tercera marca histórica; Yulimar Rojas (23) volvió a flirtear con el récord mundial de triple; Karsten Warholm (23) deslumbró en los 400 metros vallas; Timothy Cheruiyot (23) trituró a sus rivales en el 1.500 con una galopada en 3:29.26; Sifan Hassan (26) completó el doblete 10.000-1.500, aunque con la sospecha del sancionado gurú Alberto Salazar. Son atletas que piden paso detrás de la niebla.