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El PSG y el difícil arte de procrastinar

Procrastinar es una palabra que aprendí no hace mucho, pese a definir algo que he practicado desde siempre. Lo podríamos traducir por dejar para mañana lo que puedas hacer hoy. Frente a esa inclinación hay un consejo virtuoso: no dejes para mañana lo que puedas hacer hoy... que, claro, tiene su contra viciosa: deja para mañana lo que puedas hacer hoy y así morirás sin haber dado golpe. Entre una cosa y otra está el tino de dejar las cosas para cuando no hay más remedio que hacerlas y afrontarlas con una tensión que excita la lucidez de mente y el arrojo del ánimo, y así obtener resultados brillantes.

Bueno, pues es el caso del PSG. Dejándolo para última hora, se ha quedado con Neymar, que ya no tendrá más remedio que humillar la cerviz, avenirse a razones y vivir como un futbolista si quiere seguir siéndolo. Además ha fichado a Icardi, otro valor para su delantera, y se ha llevado a Keylor Navas, que se va del Madrid, apunten, sin haber perdido una sola solísima eliminatoria de Champions. Le respaldará el exsevillista Rico y al tiempo manda al Madrid a Areola, tan poco fiable que el año pasado compartió portería con el cuadragenario Buffon, al que hace tiempo que deseamos todos una piadosa retirada.

He ahí las ventajas del buen arte de procrastrinar. Otra cosa es ir tirando ‘patás p’alante’ cuando no hay voluntad de hacer las cosas. Han sido los casos del Madrid y el Barça con Neymar y del Madrid con Pogba. Eso es fingir que te vas a presentar al examen, ir de aquí para allá cargado de libros para al final no presentarse. La bomba o las dos bombas de Zidane (¿se querría engañar a sí mismo?) no han llegado ni al suspiro de un bebé. En fin, el Barça pierde a Rafinha, el Madrid a Keylor y el PSG, que ya había fichado a Ander Herrera y Sarabia, apuntala la portería y mejora el ataque. Lo que me pregunto es quién le mira eso del ‘fair play’ financiero.