El Barça y el Madrid le dan vuelo al Atleti

De Zidane se esperaba que este verano hiciera una revolución en torno a la llegada de Pogba y la salida de Bale y no sé cuántos más. Pero entrando ya en septiembre vemos el mismo equipo del último tercio del curso pasado, cuando él lo cogió, supuestamente para hacer un diagnóstico y aplicar los remedios. Son los mismos jugadores, ayer con la salvedad de dos inclusiones en la periferia del equipo. Jovic, que apenas entró en juego aunque dejó una perla en el primer gol, y Mendy, que fue de más a menos. El Madrid jugó a un ritmo variable, fue inseguro atrás y dejó el gol para el indultado Bale, que, paradoja, acabó expulsado.

La novedad fue salir con un 4-4-2, sin Modric, que en ese modelo no va. No funcionó, salvo un rato en la segunda mitad, cuando Casemiro, que estuvo realmente bien, se adelantó y forzó el ritmo. Ahí hubo un buen rato en el que el Madrid cogió al Villarreal de las solapas y pareció en condiciones de llevarse el partido, más aún dada la poca fiabilidad de Andrés, que parecía animar a los madridistas a chutar y a meter centros. Pero cuando todo estaba encarrilado, y con Modric y Vinicius en el campo volvía el 4-3-3, otro despelote atrás dio lugar al 1-2, y ya sólo quedó fuelle para alcanzar el empate y salvar los muebles.

El 2-2 del Madrid se hermana con el 2-2 del Barça, que anda mareado por el asunto Neymar y encima sin Messi. Su gran alegría en este arranque es la aparición con aire milagroso de Ansu Fati, que tiene todo el perfil de un inminente fenómeno del fútbol. Pero alegría, lo que se dice alegría, donde se derrochó ayer fue en el Metropolitano, porque el Atleti le dio la vuelta a un 0-2 ante el Éibar. Cosas así son las que nunca se le ven al Atlético del Cholo, tan aficionado a ganar partidos por 1-0. Esta remontada confirma que el equipo tiene espíritu fuerte y unidad de propósito, y así va encadenando victorias mientras los tropiezos de Madrid y Barça le dan alas.