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Neymar, el teatrillo culé y el farol blanco

Bajó el telón del día 2 y se ratificó lo que veníamos sospechando: que lo de Neymar ha sido puro postureo. El Barça, hablo del club, no tenía dinero ni ganas de ficharlo, pero la perra que ha cogido Messi con su recuperación ha obligado a un largo teatro. Se ha simulado interés, se ha avisado previamente a los medios de idas y venidas para transmitir esa apariencia de interés pero todo fue teatrillo. Neymar se quería ir del PSG, el PSG querría prescindir de él, hasta ahí todo es cierto. Pero no es fácil hacer picar a alguien para que pague una enormidad por un jugador caprichoso que lleva dos años sin hacer vida de futbolista.

Y lo de Florentino ha sido un farol. Su arranque, extrayendo en cuatro años con rumbo y torerío a Figo del Barça, Zidane de la Juve, Ronaldo del Inter y Beckham del Manchester United, produjo tal impacto que aún se le cree capaz de traer a cualquier jugador haciendo clic con dos dedos. Pero no. Cristiano, último galáctico del Madrid, se lo encontró ya fichado por Calderón. A Kaká se lo colocó el Milán lisiado. Luego se estrelló en su día con Neymar. Pero la memoria de aquellos lejanos años (¡hace 15!) y el grupo de turiferarios de que dispone le permite mantener el cartel de que es capaz de cualquier cosa todavía. Pero...

En todo caso, me alegro de que Neymar se quede en el PSG, que compró esta hipoteca y no hay por qué liberarle de ella. A final de esta temporada tendrá precio fijo, 170 millones, y si para entonces ha dado muestras reales de interesarse de nuevo por el fútbol, podría tener otro enfoque la cuestión. Seguro que volverá a saltar el tema entonces, si no lo hace ya en enero. Hasta entonces, habrá que dar por fin por buena aquella noticia de Piqué, apóstol de un neonuevo periodismo, que anunció solemnemente hace dos años: “Se queda”. La noticia no era falsa, sólo prematura. Se queda, sí, se queda dos años después... y en París. Y tanta gloria tenga como paz deja.