La FIBA pinta mal para España

La FIBA es una federación internacional singular, donde el secretario general manda más que el presidente, que rota desde las federaciones continentales. Ahora es Horacio Muratore, el titular de América, y en breve le suplirá Hamane Niang, de África. Eso otorga la máxima autoridad al secretario, que hace y deshace. Ese poder lo ostentaba Patrick Baumann, con un contrato hasta 2031, hasta que la muerte le sorprendió en los Juegos de la Juventud de Buenos Aires, el pasado 14 de octubre. La FIBA quedaba así descabezada, en pleno debate sobre la conveniencia de las polémicas Ventanas, que perjudican a las potencias europeas (España, Francia, Alemania, Turquía, Lituania…), aunque no tanto a países con menos fuste, que promocionan su baloncesto… Y todos los votos valen igual, no importa el tamaño.

La FIBA ya había asestado un golpe a FIBA Europa con la reducción a un solo Eurobasket en el ciclo olímpico. A cambio llegaron las Ventanas, que a la FEB le han costado un millón de euros, a lo que habría que sumar el dinero perdido en patrocinios y en la gira de la Selección. La cosa se va a cuatro o cinco millones de menor ganancia para España. Paralelamente, la FIBA sigue a mamporros con la Euroliga, donde los clubes españoles, con el Real Madrid y el Barcelona al frente, lideran la oposición. España ha entrado así en el eje del mal para la Federación Internacional. Con Baumann, residente en este país, había cierto equilibrio. Pero este viernes se designó a su sucesor: el griego Andreas Zagklis, asesor jurídico de la FIBA. Su línea continuista, o incluso más extrema, no pinta bien para Europa… Ni para España.

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