El Mundial del VAR y la amenaza ultra
Caminar por la Plaza Roja de Moscú estos días es hacerlo entre un hervidero de nacionalidades que anuncian algo grande. A una bandera de Túnez le acompañan unos inconfundibles cánticos de hinchas argentinos; entre camisetas de Perú se cuela un grupo de mexicanos con sus sombreros de mariachi. Es el Mundial, la cita más importante del calendario futbolístico, el evento que desde hoy y hasta el 15 de julio reunirá en Rusia a las más poderosas selecciones del planeta. Una fiesta de 63 partidos tras la que sólo uno podrá proclamar que es el mejor. El Rusia-Arabia Saudí dará el pistoletazo de salida en un Luzhniki remodelado.
Hasta los instantes previos ha trabajado el comité organizador ruso de lo lindo para que todo esté listo. Aquello que comenzó siendo un Mundial lujoso y con Putin pagando rondas ha derivado en un torneo con fuertes problemas económicos y de infraestructuras. La devaluación del rublo hizo rebajar el presupuesto a mitad de trayecto. Los 9.000 millones de euros iniciales tuvieron que ser rebajados un 10%, aunque ahí no acabaron los gastos. Estadios que costaron mucho más de lo inicial, estafas y gobiernos regionales en crisis han estado a la orden del día.
Sin embargo, esta cita de Rusia será recordada para siempre -ojalá que para bien- por el VAR. Los tecnólatrasse frotan las manos. La llegada del videoarbitraje es una revolución similar a la que supusieron en el fútbol los cambios o las tarjetas amarillas. Quizá nunca una evolución fue tan chocante como esta. Su funcionamiento, por ello, debe estar ya muy interiorizado. Por resumir, el VAR asesorará al colegiado en jugadas muy claras producidas tras gol, penalti, roja directa y error de identidad. Nunca en otros casos. Y tampoco nunca el árbitro pedirá el VAR, sino que será el VAR el que avise al árbitro. Es decir, los colegiados podrán ayudarse de la tecnología, pero serán ellos los que decidan en última instancia y no todos sus problemas serán resueltos. Únicamente los más flagrantes y decisivos.
Otro tema que preocupa, y mucho, es el de los ultras. Se calcula que 1.000 aficionados violentos pueden llegar a Rusia estos días, además de los propios rusos que son muchos y especialmente preparados para la batalla. El comité organizador, en colaboración con el gobierno, trató de poner freno al asunto creando un Fan ID, una tarjeta con datos personales que incluye antecedentes penales indispensable para entrar en cualquier campo. Otra cosa es lo que pueda suceder fuera, y ese sí es un problema serio a la vista de la espiral de violencia reciente.
Pero si de algo se ha hablado es del adiós abrupto de la era Lopetegui en la Selección. Ahora toca saber si Messi podrá por fin igualar la figura de Maradona en los Mundiales, si Cristiano es capaz de repetir gesta con Portugal, si Neymar conduce a Brasil a su sexto título y eso le acerca más al Bernabéu, si los alemanes reeditan título, si persiste la maldición inglesa, si la joven Francia es capaz de hacer algo grande... Un Mundial, al fin y al cabo. Un trocito de historia ante nuestros ojos. Agárrense fuerte.