Iron Maider abrió otra puerta

Habrán podido observar que en los últimos meses, siempre en lunes, AS suele celebrar un encuentro con un presidente de una federación. Se trata de ofrecer un espacio a aquellos deportes que normalmente tienen menos eco, para que nos presenten sus actividades y nos cuenten sus inquietudes. Ayer le tocó el turno a la de Lucha, una de las disciplinas fundacionales de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna. Su presidente es Francisco Javier Iglesias, que sucede en el cargo a un histórico: Ángel López Rojo. Iglesias fue antes director técnico. Y antes, luchador. En Barcelona 1992 logró el diploma olímpico: octavo. Hasta la llegada de Maider Unda, quinta en Pekín 2008 y bronce en Londres 2012, no se había superado su resultado. Esa medalla de la alavesa tenía que haber catapultado a la lucha, pero no fue así.

Dice Iglesias que trajo pocos beneficios: no llegó dinero, porque se entró en barrena en la crisis, y tampoco hubo un sensible aumento de licencias. El valor de su bronce se mide en otro plano: “Mostró a otros luchadores que una medalla olímpica es posible”. Unda, ya retirada, ha vuelto a sus quesos y a sus ovejas en su caserío de Olaeta, que nunca abandonó, aunque colabora con la Federación cuando se le requiere. Su ejemplo marca la senda a otros deportistas. Igual que hicieron Lydia Valentín en halterofilia y Carolina Marín en bádminton. Hay seis federaciones que aún no han subido al podio olímpico: Hielo, Rugby, Pentatlón, Béisbol, Golf y Tenis de Mesa. Las tres últimas que abrieron esa puerta fueron precisamente ellas: Carolina, Lydia y... Maider. Iron Maider, la bautizaron. Una luchadora.