Guardiola, contra su propia obra

José Carlos Menzel
Nacido en Múnich en 1989, pero de familia e idiosincrasia sevillana. Comenzó en AS en 2013. Cubre toda la información sobre la Bundesliga, la Mannschaft y los equipos alemanes en competiciones europeas. En la República Federal es redactor de TZ, para el que suele centrarse en las noticias del Bayern, para el que jugó en las categorías inferiores.
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Llegó el dia. Tuvo que llegar. Y el propio Pep Guardiola lo sabía. “Tarde o temprano tenía que pasar”, dijo el míster del Bayern nada más conocerse su rival en las semifinales de la Champions: nada menos que el Barça. Su Barça. Aquel equipo con el que conquistó 14 títulos en apenas cuatro años, aquel en el que ya es leyenda y con el que aún disfruta como un niño chico cuando toma su localidad de abonado en el Camp Nou y aplaude las genialidades de Messi sobre el terreno de juego. Llegaron a criticarle en Múnich por dichas palmadas contra el Manchester City en el partido de vuelta de octavos. No se llegó a comprender por qué un entrenador de un equipo se alegraba por los goles de su rival, pero Guardiola es así. Siempre será culé, esté donde esté.

Si el doctor Müller-Wohlfahrt era símbolo del Bayern, Pep lo es del Barça. Pero, aunque él mismo llegó a negarlo ante los periodistas, su gran reto llega ahora cuando tenga que verse las caras ante sus ex y en unas semifinales de la Champions. Quizá sea el más grande en su carrera. No se trata simplemente de vencerle a un equipo, sino en cierto modo de vencerse a sí mismo. Han pasado tres años desde que dejó al club de su vida, pero el Barça sigue siendo el de Guardiola. Juega, gana y convence como él le enseñó en su momento. Pero ahora se acabaron las palmas a Messi. Para meterse en la final de Berlín, Guardiola tendrá que bajar del graderio a los banquillos del Camp Nou y destruir aquello que llegó a crear. Quién mejor para hacerlo que él mismo.

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